Probar un móvil nuevo durante una semana es fácil: lo sacas de la caja, lo configuras, haces unas fotos, juegas un rato, escribes el análisis y listo. Lo complicado viene después, cuando el hype del lanzamiento se apaga y el teléfono deja de ser un juguete nuevo para convertirse en herramienta de todos los días. 
Ahí es donde se ve de verdad qué tan bien está resuelto un producto. Y justo ahí es donde está ahora el Samsung Galaxy Fold 7: cuatro meses como mi móvil principal, con el viejo Fold 6 siempre cerca para comparar.
Este es normalmente el momento en el que la magia se rompe. Esas pequeñas rarezas de software que en el análisis inicial parecían detalles curiosos, se vuelven manías que te sacan de quicio. Las decisiones de diseño que servían para la foto de marketing revelan sus incomodidades. Y esa sensación inicial de “estoy usando el futuro” se transforma en un “vale, pero ¿cómo es vivir con esto cuando tienes prisa, cuando estás cansado o cuando se te cae el WhatsApp encima?”. Con el Galaxy Fold 7, la respuesta es menos obvia de lo que parece: hay cosas que han envejecido sorprendentemente bien y otras que, cuatro meses después, duelen más que el primer día.
Este artículo no pretende repetir el análisis técnico de siempre, sino contar cómo se comporta el Galaxy Fold 7 en la vida real cuando deja de ser novedad. Qué sigue impresionando, qué se ha quedado corto y a quién le merece la pena este plegable ahora mismo, con la perspectiva del tiempo y no sólo con el brillo del lanzamiento.
Diseño y construcción: de gadget futurista a objeto de uso diario
La primera gran conclusión después de cuatro meses es que el Fold 7 deja de sentirse como un prototipo caro. Las primeras generaciones de plegables de Samsung eran, en el mejor de los casos, espectaculares pero algo experimentales: gruesos, pesados, con bisagras que daban cierto respeto. El Galaxy Fold 7, en cambio, transmite esa sensación de producto acabado, pulido, al que puedes confiar tus datos y tu rutina sin miedo a que algo se rompa al tercer mes.
Cerrado, el teléfono es visiblemente más fino y limpio que sus antecesores. Las líneas son más suaves, la bisagra ocupa menos, el hueco entre las dos mitades casi desaparece y el conjunto se nota mejor integrado. No da la impresión de “dos móviles pegados con una bisagra”, sino de un único cuerpo que casualmente se dobla. En el bolsillo de unos vaqueros ya no parece un ladrillo experimental, sino un smartphone grande y elegante. Es el primer Fold que no sientes que tienes que justificar cada vez que lo sacas en público.
En mano, la sensación es muy buena para el tipo de dispositivo que es. El marco metálico y el cristal trasero transmiten solidez, los botones tienen un clic firme y preciso, y el lector de huellas lateral responde rápido. La acción de abrir y cerrar sigue siendo uno de esos pequeños placeres absurdos del día a día: el movimiento es fluido, el punto en el que la pantalla queda completamente estirada está bien definido, y no hay crujidos ni holguras sospechosas. Después de cientos de aperturas, la bisagra se siente prácticamente igual que el primer día, y eso, en un plegable, es medio análisis ganado.
Peso y comodidad: menos “pesa en el bolsillo”, más “me lo llevo a todas partes”
El otro gran cambio físico, más difícil de ver en fotos pero muy evidente en la vida real, es el peso. Con unos 215 gramos, el Galaxy Fold 7 no es exactamente ligero si lo comparas con un gama media tradicional, pero dentro del mundo de los plegables es un adelgazamiento muy agradecido. Venir de un Fold 6 o de cualquier otro móvil tocho te hace apreciar inmediatamente la diferencia.
Lo notas cuando lo guardas en el bolsillo y no tienes esa sensación constante de que el pantalón se te va a medio caer. Lo notas cuando estás media hora leyendo noticias con la pantalla interna y la mano no se cansa igual. Lo notas cuando coges otro flagship pesado y piensas “uy, esto sí que tira hacia abajo”. No es magia, sigue siendo un dispositivo grande y con presencia, pero por primera vez en esta línea deja de sentirse exageradamente aparatoso. Y en un móvil que vas a llevar encima 12 o 14 horas al día, ese detalle pesa, nunca mejor dicho.
La pantalla interna: un plegable que por fin se siente como una sola hoja
Si hay un punto donde Samsung ha dado un salto cualitativo, es la pantalla interna. En generaciones anteriores, el famoso pliegue era ese recordatorio constante de que estabas ante algo especial, para bien y para mal. No era el fin del mundo, pero ahí estaba: se veía a contraluz, se sentía al pasar el dedo justo por el centro, aparecía en fotos con reflejos “raros”. En el Galaxy Fold 7, todo eso se reduce al mínimo.
En el uso normal, el pliegue prácticamente desaparece de tu mente. Si inclinas el móvil buscando el reflejo, lo encontrarás, claro, la física sigue ahí. Pero leyendo un libro electrónico, repasando un documento largo, jugando o viendo una serie, deja de llamar la atención. La superficie se percibe mucho más uniforme y continua. Al cabo de unas semanas, moverte al Fold 6 otra vez se siente casi como abrir un libro con una arruga justo en mitad de la página.
Esta mejora no es sólo estética. A nivel de experiencia, te apetece más usar la pantalla interna para tareas serias: leer informes largos, trabajar en hojas de cálculo, revisar maquetas, comparar fotos lado a lado. El Fold 7, abierto, se acerca más a la sensación de una pequeña tablet que a la de un móvil gigante estirado, y eso marca bastante la diferencia en la manera en que terminas aprovechando el dispositivo.
La pantalla externa: por fin un frontal en el que apetece escribir
La otra gran transformación está por fuera. Durante años, la crítica recurrente a los Fold de Samsung fue la pantalla de portada excesivamente estrecha. Era curiosa, diferente, hasta simpática… hasta que intentabas responder un párrafo largo en WhatsApp o redactar un correo. Ahí las teclas minúsculas y el espacio limitado frustraban a cualquiera.
El Galaxy Fold 7 rompe por fin con esa proporción incómoda. El panel externo tiene ahora unas dimensiones que se sienten mucho más “normales”: ancho suficiente para que el teclado no parezca una columna de periódico comprimida, tamaño perfecto para desplazarse por redes sociales o revisar documentos sin estar abriendo el teléfono todo el rato. Después de cuatro meses, la consecuencia es muy clara: vivo mucho más en la pantalla externa que antes.
Responder correos, corregir un texto, dejar una nota para más tarde, gestionar tareas… todo eso se hace sin pensar, como si llevaras cualquier otro tope de gama, sólo que con la opción de abrir el dispositivo cuando realmente necesitas espacio extra. Ese equilibrio entre compacto y expandible, que siempre fue la promesa del concepto Fold, aquí se siente mucho más logrado. Y lo mejor: Samsung no se ha pasado de largo. Si el móvil cerrado fuese más ancho, ya empezaría a resultar incómodo de sujetar; con este tamaño, sigue estando en el límite cómodo para manos medianas.
Cámaras: buen trabajo en la principal, teleobjetivo que pide ayuda
En el apartado fotográfico, el Galaxy Fold 7 no pretende destronar al S Ultra de turno, y se nota. La prioridad aquí sigue siendo encajar todo en un cuerpo razonablemente fino, y eso obliga a renunciar a parte de la extravagancia que vemos en otros buques insignia. Aun así, tras meses de uso, la cámara principal se ha comportado mejor de lo que esperaba, y la experiencia es bastante consistente para alguien que quiere “apuntar y disparar” sin complicarse demasiado.
Con buena luz, las fotos salen vivas, con colores saturaditos al estilo Samsung, pero sin pasarse tanto como hace unos años. Los detalles son nítidos, el rango dinámico maneja bien escenas de alto contraste y la cámara rara vez te deja tirado en escenas cotidianas: fotos de familia, paisajes urbanos, comida, interiores de día… todo dentro de lo normal para un gama alta serio.
El talón de Aquiles, sin sorpresa, es el zoom. Cuando te quedas en ampliaciones moderadas y en exterior, el tele se defiende; pero en cuanto pasas a interiores, conciertos, restaurantes con luz tenue o cualquier situación nocturna un poco exigente, aparecen ruido, suavizado agresivo y pérdida de textura. Es usable, pero no brillante. Y en un teléfono de este precio, es inevitable pensar que se podía haber afinado un poco más el procesado, aunque no hubiese espacio para un monstruo de zoom periscópico.
Si eres de los que usan el zoom más para encuadrar mejor que para espiar matrículas a 300 metros, te bastará. Si, en cambio, tu móvil es también tu cámara para fotografía nocturna con teleobjetivo, quizá debas asumir que el Fold 7 no está pensado para exprimir ese terreno al máximo.
Rendimiento y multitarea: el formato plegable por fin justifica su existencia
En potencia pura, no hay grandes sorpresas: el Galaxy Fold 7 es un tope de gama y se comporta como tal. El sistema se mueve fluido, las apps pesadas cargan rápido y los juegos exigentes corren sin problemas a nivel de gráficos alto. En cuatro meses no me he encontrado con cuelgues recurrentes ni con esa sensación de “se ha ido haciendo pesado” que a veces aparece cuando llenas el móvil de apps, cuentas y archivos.
Lo interesante es cómo esta potencia se combina con el formato. Cuando extiendes la pantalla interna y empiezas a trabajar con dos o tres apps a la vez, el Fold 7 se transforma. Tener el correo a un lado y un documento al otro deja de ser un truco para demos y se convierte en una rutina real. Abrir un navegador junto a un chat, revisar apuntes mientras ves una videollamada, arrastrar imágenes entre galerías y redes sociales… todo esto funciona de manera mucho más natural que en cualquier móvil plano, por grande que sea.
En estos cuatro meses, han sido muchas las ocasiones en las que, en vez de sacar el portátil del bolso, he tirado del Fold 7 para resolver algo rápido. No sustituye por completo a un ordenador, claro, pero para trabajo ligero en movilidad cumple mejor de lo que cabría pensar. Y, lo más importante, te invita a aprovecharlo así: el formato deja de ser sólo “pantalla grande para Netflix” y se convierte en un pequeño centro de productividad que cabe en el bolsillo.
La ausencia de S Pen: el sacrificio que más escuece con el tiempo
Hasta aquí, todo bastante positivo. Pero hay una decisión de Samsung que duele más cuanto más tiempo pasas con el Fold 7: la desaparición del soporte para S Pen. Para hacer el dispositivo más delgado y ligero, la marca se ha cargado la capa necesaria para reconocer el lápiz de forma precisa, y con ello ha tirado por la borda uno de los usos más interesantes para una pantalla grande, plana y casi sin pliegue.
Al principio no parece tan grave. Piensas que el lápiz es algo “de nicho”, que la mayoría de la gente no lo usa a diario. Pero a medida que pasan las semanas y te acostumbras a leer, trabajar y navegar en ese panel interno tan agradable, empiezan a aparecer escenarios en los que tener una S Pen a mano sería perfecto: anotar documentos, dibujar esquemas rápidos, hacer bocetos de ideas, tomar apuntes a mano durante una reunión, corregir PDFs sobre la marcha.
Y sí, puedes intentar apañarte con un puntero capacitivo barato o con un lápiz Bluetooth que simule pulsaciones, pero la experiencia no se acerca en absoluto a la precisión y la inmediatez de una S Pen auténtica. Si vienes de un Fold compatible con lápiz o de un Galaxy Note/S Ultra, la pérdida se nota. Tanto, que después de cuatro meses no cuesta imaginar un buen número de usuarios dispuestos a aceptar un milímetro más de grosor a cambio de recuperar esa funcionalidad.
DeX en One UI 8: más bonito en pantalla grande, menos cómodo en los detalles
Otra pieza interesante del ecosistema Samsung que encaja muy bien con un plegable es DeX, el modo de escritorio que convierte el móvil en una especie de PC ligero al conectarlo a un monitor o a una TV. Sobre el papel, la combinación Fold 7 + DeX es ideal: móvil, tablet y “ordenador” en el mismo dispositivo.
Con One UI 8, DeX ha ganado en apariencia. Gestiona mejor las resoluciones altas, las diferentes proporciones de pantalla y las escalas de ventana. Las fuentes se ven más limpias, las apps no se sienten tan perdidas en pantallas panorámicas y, en general, el escritorio transmite una sensación más moderna. Si conectas el Fold 7 a un monitor en la oficina o en casa, ya no parece tanto un modo experimental, sino algo relativamente maduro.
El problema es que, a la vez que se han pulido algunos aspectos visuales, se han perdido ciertos “truquitos” de comodidad que hacían a DeX tan atractivo para usuarios avanzados. La gestión de ventanas es un poco menos flexible, algunos atajos de teclado han cambiado o se han limitado, y hay comportamientos que antes eran intuitivos y ahora no lo son tanto. Samsung ha corregido algunos de los fallos más ruidosos con actualizaciones, como la forma de forzar a pantalla completa ciertas apps rebeldes, pero la sensación es que DeX ha dado un paso adelante en presentación y medio paso atrás en ergonomía.
En el contexto del Fold 7, esto es una oportunidad desaprovechada. Si Samsung mimara DeX con el mismo cariño que el hardware del plegable, tendría un argumento muy potente para empresas, estudiantes y usuarios que quieren viajar con un único dispositivo. De momento, DeX sigue siendo un extra interesante, pero no termina de convertirse en esa herramienta redonda que podría ser.
Batería y carga: se aguanta el día, pero no sobra margen
Hablemos de autonomía. El Fold 7 monta una batería de 4400 mAh, una cifra que, sobre el papel, no impresiona para un móvil con dos pantallas, una de ellas enorme y que invita a usarla constantemente. Sin embargo, en el uso real la cosa no es tan dramática como podría parecer, aunque tampoco es un campeón de resistencia.
En mis días normales, con redes sociales, mensajería, algo de cámara, navegación ligera y un buen rato de contenido en la pantalla interna, he llegado prácticamente siempre al final de la jornada con un 15–20 % de batería. No es la tranquilidad absoluta de un terminal con pila gigante, pero tampoco la angustia de estar mendigando enchufes a media tarde. Eso sí, cuando el día se complica y se suman GPS prolongado, fotos a saco y algo de juego, la reserva se esfuma rápido y llegar a la noche sin pasar por el cargador se convierte en deporte de riesgo.
La velocidad de carga acompaña ese enfoque conservador. Por cable, el máximo oficial de 25 W es suficiente para recuperar buena parte de la batería en media hora, pero no llega a los niveles de “del 0 al 100 en un suspiro” que presumen algunos rivales chinos. Para una carga completa, hay que contar alrededor de hora y media larga. La carga inalámbrica, por su parte, es práctica para ir rellenando batería en la mesa o en la mesilla de noche, pero no es la opción ideal si vas justo de tiempo.
¿Se puede vivir con ello? Sí, sin duda. ¿Hay margen de mejora para un futuro Galaxy Fold 8? También. La combinación de un panel tan grande y un uso tan intensivo de multitarea pide a gritos baterías de mayor densidad o una eficiencia aún más afinada. No es un drama, pero es uno de esos apartados donde el Fold 7 hace “lo justo y necesario” y nada más.
Precio, contexto y a quién le encaja realmente el Galaxy Fold 7
Cuando salió al mercado, el Galaxy Fold 7 volvió a situarse en la franja más alta de precios de la gama Samsung. No es un móvil pensado para todo el mundo, y eso está bien: un plegable así tiene sentido para quienes realmente vayan a aprovechar su formato, no como capricho impulsivo. Cuatro meses después, sin embargo, el panorama ha cambiado un poco. La bajada natural de precios, las promociones y las ofertas puntuales lo han colocado en una posición algo más atractiva.
Para usuarios de un Galaxy Fold 4 o anterior, el salto es grande y muy fácil de justificar: el cambio en la pantalla externa, la reducción de grosor y peso, la mejora del pliegue interno y la sensación general de producto pulido hacen que el Fold 7 se sienta como una nueva generación de verdad, no como una simple revisión. Es la diferencia entre decir “me gusta el concepto, pero…” y “esto podría ser mi móvil principal sin peros”.
Para quienes ya tienen un Galaxy Fold 5, la cosa se complica. Sí, el Fold 7 es más fino, algo más ligero y tiene un panel interno claramente más agradable, pero a cambio pierdes la compatibilidad con S Pen. Si el lápiz forma parte de tu forma de trabajar, el cambio se siente más como un paso lateral que como una mejora clara. En ese caso, la opción racional suele ser esperar al siguiente modelo y cruzar los dedos para que Samsung encuentre la manera de combinar lo mejor de ambos mundos.
Y si llegas desde un móvil “normal” y nunca has tenido un plegable, el Fold 7 es probablemente el primer Galaxy Fold que se siente maduro como para ser tu único dispositivo. Ya no parece un experimento, la pantalla externa es realmente usable, la bisagra transmite confianza y el software ha aprendido a sacar partido al formato. Sigue siendo caro, sí, pero ahora la sensación es más la de pagar por un tipo de dispositivo diferente que por una beta para fans de la tecnología.
Conclusiones tras cuatro meses: el Fold más redondo hasta ahora, con deberes claros para el futuro
Después de más de cien días abriendo y cerrando el Galaxy Fold 7 en todo tipo de situaciones, el balance es bastante claro. Es el Fold más coherente y equilibrado que ha hecho Samsung hasta la fecha. La pantalla externa, por fin, funciona como la de un móvil normal; la interna, casi sin pliegue, invita a leer, trabajar y jugar de verdad; el peso y el grosor dejan de ser un obstáculo en el día a día; y el conjunto hardware-software está lo suficientemente pulido como para que el formato plegable se sienta más solución que problema.
Eso no significa que sea perfecto. La ausencia de S Pen se nota y mucho, especialmente porque la pantalla interna ha alcanzado precisamente el punto en el que escribir sobre ella sería un gustazo. DeX ha ganado presencia estética pero ha perdido parte de la agilidad que lo hacía tan especial. La cámara cumple, pero no compite con los mejores del mercado en teleobjetivo y fotografía difícil. Y la batería, aunque suficiente, no deja ese margen de tranquilidad extra que muchos usuarios intensivos agradecerían en un móvil así.
Aun con todo, si miramos el panorama de plegables hoy, el Galaxy Fold 7 sigue siendo uno de los modelos más sólidos y menos “raros”. No es sólo un juguete para techies, ni un experimento caro sin futuro. Es un dispositivo que cambia de verdad la manera en que usas el móvil: menos depender del portátil para tareas ligeras, más espacio para leer y trabajar sin salir del formato de bolsillo, más flexibilidad en el día a día. Si aceptas sus compromisos y encajas en el perfil de usuario que puede sacar partido a ese formato híbrido, a día de hoy hay pocos móviles tan interesantes como este Fold 7.