Dentro del universo Galaxy, Samsung siempre ha jugado con una idea muy clara: no todo el mundo quiere pagar precio de buque insignia, pero muchos sí quieren vivir algo muy parecido a la experiencia tope de gama. Ahí es donde nacen las Fan Edition. 
Y con el Samsung Galaxy S25 FE la marca se ha acercado tanto al Galaxy S25 Plus, que la diferencia ya no se nota en la mano, sino casi únicamente en los detalles… y en la factura.
En varios países europeos el Galaxy S25 FE puede ser alrededor de un 30 % más barato que el S25 Plus a igualdad de memoria. En otros mercados, sumando ofertas y ajustes de almacenamiento, la brecha puede crecer todavía más. En resumen: en precio y en ficha técnica, el S25 FE pinta como el candidato lógico para cualquiera que mire el presupuesto. Pero, ¿es realmente así de simple? ¿O el Galaxy S25 Plus ofrece suficiente valor añadido como para justificar el suplemento?
Si te pasas por los comentarios de cualquier review, verás que la discusión va mucho más allá. Hay quien afirma que el S25 Plus ya no es un “verdadero flagship”, que con 4.900 mAh, carga de 45 W y un tele de 10 MP con sensor pequeño no está a la altura de lo que ofrecen algunas marcas chinas por el mismo dinero. Otros responden que esa obsesión por números en una tabla no cuenta toda la historia: Samsung vende también software pulido, pantallas sobresalientes, política de actualizaciones seria y un ecosistema que funciona.
En este cara a cara entre Samsung Galaxy S25 FE y Galaxy S25 Plus vamos a dejar a un lado el marketing y centrarnos en el uso real. ¿En qué se notan de verdad las diferencias? ¿Dónde está el límite entre pagar de más y pagar lo justo? Revisaremos diseño, pantalla, batería, carga, rendimiento, sonido, cámaras, vídeo, software y precio, para terminar con una pregunta sencilla: ¿cuál de los dos tiene más sentido para ti?
Diseño, construcción y sensación en mano
Si colocas el Galaxy S25 FE y el Galaxy S25 Plus en la mesa, boca arriba, es bastante probable que no sepas cuál es cuál sin mirar la parte de atrás. Ambos montan un panel plano de 6,7 pulgadas con marcos finos, agujero centrado para la cámara frontal y el mismo lenguaje visual sobrio que Samsung viene puliendo desde hace varias generaciones. Dales la vuelta y la sensación se repite: una trasera limpia con tres módulos de cámara independientes alineados en vertical, sin “isla” enorme, sin adornos raros, muy en la línea de lo que la marca entiende hoy por premium discreto.
En peso también empatan: unos 190 gramos que se reparten de forma bastante equilibrada. No se sienten especialmente ligeros, pero tampoco ladrillos. Los dos son móviles grandes, pensados para quien quiere mucha pantalla y no tiene problema en usar los gestos de One UI o el modo de una mano de vez en cuando.
En dimensiones el S25 Plus es apenas un poco más bajo y estrecho que el FE, cosa de milímetros. Sobre el papel es una ventaja algo más amigable para la mano, pero en el día a día es una diferencia casi psicológica. Si vienes de un móvil compacto, cualquiera de los dos te va a parecer grande; si ya estás acostumbrado a los “pantallones” actuales, los notarás muy parecidos.
La verdadera separación está en los materiales. El Galaxy S25 Plus utiliza vidrio Gorilla Glass Victus 2 tanto delante como detrás, junto con un marco de Armor Aluminum 2, una aleación más rígida y resistente. El Galaxy S25 FE, por su parte, se conforma con Gorilla Glass Victus+ y un marco de Enhanced Armor Aluminum de generación anterior. Sobre el papel, si se te cae el móvil de una altura peligrosa o lo tratas de forma más agresiva, el Plus debería aguantar un poco mejor. Pero si vas a llevar funda desde el minuto uno, como la mayoría, esa ventaja se diluye bastante.
| Modelo | Medidas | Peso | Protección |
|---|---|---|---|
| Galaxy S25 FE | 161,3 × 76,6 × 7,4 mm | 190 g | Gorilla Glass Victus+, Enhanced Armor Aluminum |
| Galaxy S25 Plus | 158,4 × 75,8 × 7,3 mm | 190 g | Gorilla Glass Victus 2, Armor Aluminum 2 |
Ambos cuentan con certificación IP68 contra agua y polvo, así que la resistencia básica está al mismo nivel: lluvia, salpicón en el fregadero o caída rápida en la bañera no deberían suponer un drama. Los botones comparten posición, el motor háptico tiene ese tacto preciso y contundente que esperamos en esta gama, y el lector de huellas bajo la pantalla funciona rápido y con buen índice de acierto.
En resumen, el Galaxy S25 FE no se siente como “el hermano pobre”, ni da sensación de recorte visual. Si quieres la estética y el tacto de la familia S25 y te preocupa el presupuesto, por este lado no vas a notar sacrificios importantes.
Pantalla: mismo tamaño, prioridades distintas
Tanto el Galaxy S25 FE como el Galaxy S25 Plus montan un panel AMOLED de 6,7 pulgadas con refresco de 120 Hz. La gran diferencia está en resolución y en la tecnología de control de frecuencia. El S25 Plus ofrece un panel QHD+ (1440 × 3120) con LTPO, mientras que el S25 FE se queda en Full HD+ (1080 × 2340) y, al menos sobre el papel, en un OLED más convencional.
En uso real, eso se traduce en que el S25 Plus tiene una densidad de píxeles más alta que se aprecia si te acercas mucho o si sueles leer textos pequeños con frecuencia. Los bordes de las letras son algo más finos, las curvas se ven un pelín más suaves, y la sensación general es de pantalla “más fina”. Pero eso no significa que el panel del FE se vea borroso ni mucho menos. Para redes sociales, Netflix, YouTube, navegación y juegos, la nitidez es más que suficiente.
Lo curioso es que, pese a no presumir de LTPO, el Galaxy S25 FE también es capaz de bajar mucho la tasa de refresco cuando la imagen está estática y subirla al instante al deslizar o animar. La gestión no es tan agresiva como en el S25 Plus, pero sí lo bastante buena como para ahorrar energía sin que se note un salto brusco en fluidez. En ambos casos, moverse por la interfaz de One UI, hacer scroll en redes o jugar a títulos compatibles se siente muy suave.
En brillo, el Galaxy S25 Plus vuelve a sacar pecho. En pruebas controladas llega alrededor de los 1.449 nits en modo automático con sol fuerte, mientras que el S25 FE ronda los 1.247 nits. Las cifras ponen al Plus por delante, pero en la calle la diferencia es menos dramática de lo que sugiere el número. Los dos paneles ofrecen muy buena legibilidad al sol, colores vivos y un modo de brillo alto que hace justicia a contenidos HDR.
El resto es puro Samsung: perfiles de color intensos o naturales, ajuste fino de balance de blancos, modo de confort visual para reducir luz azul por la noche y brillo adaptativo. Los ángulos de visión son amplios, sin virajes de color raros, y el parpadeo PWM no se percibe molesto en un uso normal. Si eres de los que quiere la pantalla más nítida y brillante posible y no te importa pagar algo más, el S25 Plus manda. Si simplemente buscas un buen AMOLED grande y fluido, el S25 FE ya te pone en la liga alta.
Batería y carga: misma cifra, resultados distintos
Sobre el papel, empate absoluto: Galaxy S25 FE y Galaxy S25 Plus comparten batería de 4.900 mAh y admiten carga rápida de 45 W por cable y 15 W inalámbrica, con carga inversa también disponible en ambos. Pero claro, el consumo real no solo depende de la capacidad, sino de lo eficiente que sea el procesador.
El S25 FE apuesta por el Exynos 2400, fabricado en 4 nm, mientras que el S25 Plus incorpora un Snapdragon 8 Elite for Galaxy en 3 nm, ligeramente subido de vueltas y afinado para esta generación. Esa combinación de nueva arquitectura y proceso más moderno le da ventaja al Plus. En un patrón de uso mixto (redes, cámara, streaming, algo de juego, GPS ocasional) el S25 Plus suele llegar al final del día con un margen mayor de batería.
Donde más se nota es en llamadas largas y gaming exigente: ahí el FE tiende a bajar más rápido, mientras que el Plus mantiene una curva de descarga más suave y, además, sostiene mejor los frames sin tanta necesidad de recortar rendimiento para controlar temperaturas.
Eso no quiere decir que el Galaxy S25 FE sea un desastre en autonomía. La mayoría de usuarios podrá pasar el día sin preocuparse demasiado, y si tu uso es moderado y tiras mucho de Wi-Fi, podrás incluso estirar a día y medio. Simplemente, si pones los dos uno al lado del otro, queda claro que el Plus aprovecha mejor cada miliamperio hora.
En tiempos de carga, los dos comparten cifras oficiales, pero el S25 Plus juega con ventaja en los primeros minutos. Con un cargador compatible de 45 W, el Galaxy S25 FE pasa de 0 a alrededor del 30 % en 15 minutos y ronda el 50–55 % en la media hora, completando en algo más de una hora. El Galaxy S25 Plus llega cerca del 40–42 % a los 15 minutos, supera el 70–75 % en 30 minutos y suele terminar en algo menos de una hora.
Traducción al uso real: si eres de los que enchufa el móvil un ratito antes de salir de casa, el S25 Plus te devuelve un porcentaje más generoso en ese mismo intervalo. La diferencia hasta el 100 % quizás no te cambie la vida, pero sí puedes notar que con el Plus vas más “sobrado” tras una carga rápida de emergencia.
Rendimiento, memoria y control de temperatura
En rendimiento bruto y en memoria, el Galaxy S25 Plus se desmarca con claridad. El S25 FE, con su Exynos 2400, se sitúa en esa zona que podríamos llamar “gama alta del año pasado”: potencia más que suficiente para el día a día, pero sin el extra de eficiencia y músculo de la nueva hornada. El S25 Plus, con el Snapdragon 8 Elite for Galaxy, juega con ventaja tanto en CPU como sobre todo en GPU.
La configuración de memoria también marca diferencias claras. El Galaxy S25 FE parte de 8 GB de RAM y 128 GB de almacenamiento, y solo a partir de los 256 GB da el salto a UFS 4.0. El Galaxy S25 Plus, en cambio, arranca directamente en 12 GB de RAM y 256 GB UFS 4.0, con opción a 512 GB para quien dispara fotos y vídeos como si no hubiera mañana o instala media biblioteca de juegos.
En benchmarks, la historia es la esperada: el S25 Plus saca en torno a un 40 % más en pruebas multicore de CPU, alrededor de un 10–15 % en tests combinados y un salto de más del 50 % en gráficas intensas tipo 3DMark. En términos sencillos: si tu prioridad es jugar a títulos pesados con los gráficos al máximo y la mayor tasa de frames posible, el Plus es el camino lógico.
Pero si hablamos de WhatsApp, Instagram, X, TikTok, Chrome, Spotify, Gmail, cámara y algún juego casual, la experiencia con el S25 FE es prácticamente igual de fluida. One UI está muy pulida, las animaciones son consistentes y los 8 GB de RAM dan margen suficiente para saltar entre varias apps sin que el sistema se vea obligado a cerrarlas constantemente.
El futuro, eso sí, siempre premia el exceso de recursos. Dentro de tres o cuatro años, cuando las aplicaciones sean más pesadas y pidan más memoria, los 12 GB del S25 Plus le permitirán aguantar mejor sin sensación de fatiga. Lo mismo en multitarea “hardcore”: abrir fotos pesadas, editar vídeo, jugar y cambiar de app todo el rato es territorio más cómodo para el Snapdragon con 12 GB.
En temperaturas, los dos pueden calentarse si los exprimes con vídeo 4K prolongado o sesiones largas de juego, pero el S25 Plus suele manejar mejor el calor. Tarda más en llegar a puntos molestos y, cuando paras, baja antes a una temperatura agradable sin que el rendimiento se desplome. El Exynos del FE está lejos de ser un horno, pero sí exige algo más de gestión interna para mantener el tipo.
Sonido: el FE da la sorpresa
Uno de los terrenos donde menos esperas diferencia es el de los altavoces, pero justo aquí el Galaxy S25 FE da un golpe sobre la mesa. Ambos montan un sistema estéreo que combina el altavoz principal inferior con el auricular como segundo canal. En volumen máximo están bastante empatados: suficiente para llenar una habitación pequeña o para que no te pierdas un vídeo en la cocina entre ruido de platos.
La cuestión es cómo suenan. El S25 FE ofrece un audio más cálido y lleno, con mayor presencia en medios y una sensación de grave algo más marcada, sin llegar a ser boomy. Música, series y YouTube se escuchan más “gorditos”, con un carácter más agradable. El Galaxy S25 Plus, en cambio, apuesta por una firma más plana y neutra, que sin ser mala resulta menos entretenida en comparación directa.
Si vas a usar auriculares casi siempre, esto no debería pesar demasiado en tu decisión. Pero si sueles ver contenido en altavoz – en la cama, en la mesa, mientras cocinas – es bastante probable que te sorprenda más el FE que el Plus. No deja de ser paradójico que el modelo más barato suene más listo que el caro, pero así están las cosas.
Cámaras: ventaja ligera para el Plus, pero menos de la que imaginas
En números, el Galaxy S25 Plus parte con ventaja. Su teleobjetivo integra un sensor de mayor tamaño y resolución, y el ultra gran angular también dispone de un sensor ligeramente más grande. El Galaxy S25 FE recorta precisamente en esas dos ópticas. La cámara principal y la frontal, en cambio, son prácticamente calcadas entre ambos modelos, y Samsung utiliza una base de software muy similar en toda la familia S25.
Con buena luz, el resultado es que las fotos se parecen muchísimo. Los ultra gran angular de los dos móviles generan imágenes de 12 MP gracias a un proceso de reescalado. La colorimetría es prácticamente idéntica, el rango dinámico es amplio y las distorsiones de las esquinas están bien controladas. Si entras al detalle, el S25 Plus puede exprimir algo más de textura en hojas, fachadas o pelo fino, pero hablamos de diferencias para quien analiza las fotos al 200 % en un monitor.
Con la cámara principal, el empate es casi absoluto. Los dos capturan imágenes con buen nivel de detalle, colores vivos sin caer en lo caricaturesco y un HDR que trabaja bien en escenas de alto contraste. El “look Samsung” está presente en ambos: cielos algo más intensos, verdes un poco potenciados y pieles generalmente agradables. En este terreno da igual qué modelo elijas; la experiencia fotográfica base es muy similar.
Al aplicar zoom 2x, que sigue tirando de recorte del sensor principal, la cosa se mantiene igualada. Solo al pasar a 3x el teleobjetivo entra realmente en juego. Ahí el S25 FE ofrece un encuadre algo más cerrado gracias a una focal algo más larga, mientras que el S25 Plus presume de más detalle fino en texturas. Nuevamente, no es un mundo de diferencia, pero para quien hace mucho zoom quizá tenga más sentido el Plus.
De noche, la cosa se pone más matizada. Con modo noche automático activado, tanto el S25 FE como el S25 Plus sacan fotos bastante luminosas, con ruido razonablemente controlado y colores que no pierden fuerza. En algunas escenas, el FE parece incluso conseguir contornos algo más definidos en zonas muy oscuras, seguramente por una combinación ligeramente distinta de reducción de ruido y nitidez. Por su parte, el S25 Plus puede ofrecer un ultra gran angular nocturno un poco más estable, con menos manchas y mejor control de las esquinas.
En zoom nocturno, el patrón se repite: el S25 Plus conserva un poquito más de detalle a 3x y por encima, pero necesitas comparar las fotos con calma para apreciarlo. Para subir una imagen a redes o enseñarla en la galería nadie va a adivinar qué modelo se utilizó. Ninguno de los dos compite con los grandes monstruos del zoom periscópico, pero tampoco lo pretende.
En selfies, el resultado es muy parecido: buen nivel de detalle, tonos de piel agradables y modo retrato con separación de fondo bastante correcta. Samsung añade sus típicos controles de suavizado, tono y demás, presentes en los dos dispositivos.
Vídeo: dos estilos de procesado
En grabación de vídeo, los dos teléfonos van casi de la mano. Galaxy S25 FE y Galaxy S25 Plus graban en 4K con la cámara principal, el ultra gran angular y el teleobjetivo, y permiten 4K a 60 fps con el sensor principal. La estabilización óptica y electrónica se combinan para ofrecer tomas estables al caminar, y el audio capturado por los micrófonos es claro y con poco ruido digital.
Las diferencias vienen, una vez más, en el procesado. El Galaxy S25 FE tiende a generar vídeos algo más nítidos y con más contraste. Los contornos se ven más marcados, la imagen “salta” un poco más a la vista en la pantalla del propio móvil, y quienes prefieren un look muy definido quedarán contentos. El Galaxy S25 Plus, en cambio, se queda con un enfoque algo más suave y natural: menos nitidez artificial, menos contraste agresivo, más margen si luego quieres editar el clip o verlo en una tele grande sin artefactos.
Ninguno de los dos es un campeón del zoom en vídeo, sobre todo cuando la luz baja. En esas situaciones el detalle cae y los artefactos se hacen notar. Aun así, el Plus conserva un ligero margen en claridad. Con buena luz, para grabar viajes, familia, mascotas o momentos cotidianos, ambos cumplen de sobra.
Software, ecosistema y UWB
En software el empate es prácticamente total. Ambos llegan con la misma versión de One UI sobre Android actual y forman parte del plan de soporte ampliado de Samsung, con varios años de actualizaciones de sistema y parches de seguridad. Es uno de los puntos donde la marca marca diferencias con muchos rivales agresivos en precio: puedes comprar un FE o un Plus sabiendo que no serán abandonados al año y medio.
Las funciones también son casi calcadas: modo DeX para usar el móvil como “pseudo-PC” en un monitor, Carpeta Segura, Samsung Wallet, un catálogo enorme de ajustes de personalización, modos de cámara avanzados, herramientas de productividad y un largo etcétera. En conectividad, S25 FE y S25 Plus ofrecen 5G, Wi-Fi rápido, NFC para pagos móviles, Bluetooth moderno y posicionamiento completo.
El único extra relevante que se guarda el Galaxy S25 Plus es el ultra wideband (UWB). Este chip, todavía muy de nicho, permite localizar accesorios compatibles con mucha precisión, habilita llaves digitales de coche más avanzadas y abre la puerta a experiencias de proximidad que seguramente veremos más en los próximos años. Si no usas nada de eso, probablemente te dé igual. Si estás metido en el ecosistema de tags, coches conectados y demás gadgets, puede ser un punto a favor del Plus.
Precio, percepción de gama y valor real
La gran brecha entre el Galaxy S25 FE y el Galaxy S25 Plus no está en el diseño ni en la experiencia básica, sino en la combinación de precio y pequeños detalles. El S25 Plus es el modelo pensado para quien quiere “el paquete completo”: más memoria, mejor pantalla, procesador más fuerte, algo más de batería útil, UWB y los pequeños pluses en cámara y carga. El S25 FE es, claramente, el modelo diseñado para condensar casi todo eso en una versión más amigable para la cartera.
De ahí nace el debate de si el S25 Plus es o no un “flagship de verdad”. Frente a competidores con baterías gigantes, 100 W o más de carga y sensores de cámara espectaculares, el planteamiento de Samsung parece conservador. Pero también es cierto que, a largo plazo, muchos usuarios valoran más la estabilidad de la interfaz, la calidad del panel, la fiabilidad de la cámara y la garantía de actualizaciones que el hecho de cargar en 15 minutos exactos.
Al mismo tiempo, el hecho de que el S25 FE se acerque tanto al S25 Plus hace que más de uno vea el modelo caro como algo incómodo en la gama: demasiado caro para quien mira la relación precio/prestaciones, y demasiado “normal” en ficha técnica para quien busca el máximo. Justo ahí entra en juego la decisión personal.
Conclusión: ¿Galaxy S25 FE o Galaxy S25 Plus?
Si reducimos toda esta comparación a lo esencial, queda algo así: el Samsung Galaxy S25 FE te ofrece el diseño, la pantalla fluida, la experiencia de cámara principal, el software y el soporte de la familia S25, además de unos altavoces muy decentes, por un precio claramente menor. En el uso cotidiano es un móvil que se siente de gama alta, no un “recorte” disfrazado.
El Samsung Galaxy S25 Plus, por su parte, justifica el extra de dinero con reservas: más rendimiento, más RAM, almacenamiento más rápido desde la base, algo más de batería real, carga algo más rápida en los primeros minutos, pantalla más nítida y brillante, una ligera mejora en ultra gran angular y teleobjetivo, y el pequeño plus del UWB. Si le exiges mucho al móvil y piensas aguantar varios años con él, esa suma de detalles pesa.
Para la mayoría de usuarios que quieren un gran Android, buena cámara, buena pantalla y no necesitan el máximo de absoluto en nada, el Galaxy S25 FE es probablemente el punto dulce de la gama. Para quienes juegan mucho, trabajan con el móvil, quieren la máxima fluidez posible durante años y no les importa pagar un poco más para vivir en el “carril rápido”, el Galaxy S25 Plus tiene más sentido.
Lo interesante es que, por una vez, ninguna de las dos opciones se siente equivocada. El verdadero “tope de gama” no es solo el que lleva la palabra Plus en la caja, sino el que encaja mejor con tus prioridades y con lo que estás dispuesto a gastar.