Durante años, el Galaxy Z TriFold parecía uno de esos prototipos pensados para ferias de tecnología: espectacular en las vitrinas, pero muy lejos de la vida real. 
Ahora el guion está cambiando. Un dispositivo identificado como SM-F968B/DS acaba de ser certificado por la Infocomm Media Development Authority (IMDA) de Singapur y, en el mundillo tech, prácticamente nadie duda de que se trata del Samsung Galaxy Z TriFold, el primer móvil triple plegable de un fabricante masivo que está a punto de salir del laboratorio.
Que el nombre aparezca en la base de datos de un organismo gubernamental no es un simple trámite. Samsung solo lleva sus teléfonos a este tipo de certificación cuando el hardware ya está decidido y el software se encuentra en la fase final de pulido. Históricamente, los modelos que pasan por la IMDA suelen presentarse pocas semanas después. La ficha no da una fecha exacta, claro, pero envía un mensaje contundente: el Galaxy Z TriFold ha dejado de ser un concepto futurista para convertirse en un producto en cuenta atrás hacia el lanzamiento.
Lo que revela la certificación del Galaxy Z TriFold
El documento de IMDA confirma el paquete de conectividad que se espera de un gama alta de 2025
. El Galaxy Z TriFold llega con Wi-Fi, Bluetooth y NFC para pagos móviles y emparejamientos rápidos. A eso se suma Ultra WideBand (UWB), una tecnología cada vez más presente en ecosistemas avanzados, útil para localizar con gran precisión otros dispositivos, gestionar llaves digitales del coche o sincronizar accesorios en casa.
El sufijo DS del código SM-F968B/DS apunta a compatibilidad Dual SIM. Es una decisión lógica para un dispositivo que aspira a ser una especie de estación de trabajo de bolsillo. El perfil ideal es ese usuario que combina número personal y de trabajo en el mismo móvil, que vive entre reuniones, videollamadas y documentos compartidos, y que quiere un solo equipo capaz de sostener todo su flujo de multitarea sin despeinarse.
De vitrina en la APEC 2025 a producto casi listo
La primera vez que el público pudo ver el Galaxy Z TriFold fue a finales de octubre, durante la cumbre APEC 2025 en Corea del Sur. Samsung colocó el teléfono en una urna de cristal, casi como si fuese una pieza de museo. La prensa podía acercarse, hacer fotos y grabar vídeos, pero tocarlo estaba totalmente prohibido. El dispositivo se mostraba únicamente en dos posiciones: completamente abierto, con aspecto de pequeño tablet casi cuadrado, y completamente cerrado, reducido a un bloque alargado.
Esa demostración hipercontrolada dejó a muchos con dudas sobre la supuesta salida al mercado antes de que acabara el año. La pregunta era inevitable: si ni los periodistas pueden plegarlo, ¿de verdad está listo para llegar a los usuarios? La sensación cambió cuando se filtró un vídeo corto en redes, donde se veía el TriFold plegándose en dos etapas, con sus dos bisagras trabajando y las tres secciones de la pantalla encajando como un origami digital. Pocos segundos de metraje bastaron para confirmar que el concepto era real y funcional.
Un formato triple plegable entre móvil, tablet y miniportátil
El gran atractivo del Galaxy Z TriFold está en su formato. En lugar de un único pliegue, como en los modelos tipo libro, aquí encontramos dos bisagras y tres paneles. Totalmente abierto, el TriFold ofrece una superficie amplia, ideal para tener varias aplicaciones en paralelo: correo, navegador, calendario, chat, todo visible sin tener que ir saltando de una ventana a otra. Para productividad y multitarea, suena muy tentador.
Cuando se pliega parcialmente, aparecen escenarios todavía más interesantes. Se puede imaginar un modo cuasi portátil, en el que la parte inferior actúa como teclado virtual o área de controles, mientras la sección superior muestra el contenido principal: desde un documento en edición hasta una videollamada o un tablero de proyectos. Para creadores, no es difícil visualizar un panel como lienzo para dibujar con lápiz y otro con referencias, notas o la línea de tiempo de edición.
También en entretenimiento abre nuevas puertas. El propio cuerpo del dispositivo puede servir de soporte: se deja el móvil en la mesa en forma de L, la parte de arriba reproduce vídeo o juegos y la parte de abajo muestra controles, chat o comentarios. Sin accesorios externos, sin fundas con peana, todo integrado en el diseño.
Pero todo este potencial solo se materializa si el software acompaña. Samsung tiene que hacer que One UI detecte al instante en qué posición se encuentra el dispositivo, reorganice las ventanas de forma inteligente y ofrezca a los desarrolladores herramientas para adaptar sus apps a tres zonas de pantalla. El TriFold no es solo un reto de ingeniería mecánica; es también una prueba muy seria para la capa de software.
Pocas unidades, pocos países
Si ya te ves corriendo a la tienda para comprar un Galaxy Z TriFold el día uno, conviene bajar un poco las expectativas. Informes desde Corea indican que Samsung planea una producción inicial muy limitada, en el rango de las 20.000 a 30.000 unidades. Para un gigante de esta escala, eso es casi un programa piloto: observar cómo se comporta el teléfono en manos reales, qué se rompe, qué se puede mejorar y si hay demanda suficiente como para ampliar el proyecto.
La lista de mercados también apunta a un estreno muy selectivo. Filtraciones de insiders sitúan el lanzamiento en un primer momento en países como Corea del Sur, China, Singapur, Taiwán y Emiratos Árabes Unidos. Más adelante, otros documentos de certificación han sugerido que Estados Unidos y algunos países europeos podrían subirse al barco, pero de un despliegue global simultáneo, por ahora, ni rastro.
No es una postura casual. Samsung tiene muy presente el tropiezo del primer Galaxy Fold, cuando varias unidades de prueba fallaron antes incluso de la salida comercial. Con el Galaxy Z TriFold, la compañía parece apostar por un enfoque más prudente: lanzar en silencio, en pocas regiones, corregir cualquier problema lejos de los grandes focos y solo entonces valorar si este formato merece un despliegue a gran escala.
Un experimento de 3.000 dólares para definir el futuro
Otra pista de que no estamos ante un móvil para todos es el precio esperado. Las estimaciones de la industria sitúan el Galaxy Z TriFold en torno a los 3.000 dólares. Hablamos de un dispositivo pensado para early adopters, profesionales que pueden exprimir la pantalla extra en su día a día y entusiastas que disfrutan estrenando el futuro aunque salga caro.
En ese contexto, el TriFold funciona casi como un escaparate tecnológico de Samsung. Es el lugar donde la marca puede experimentar con nuevas capas de panel flexible, mecanismos de bisagra más complejos y diseños de interfaz que reaccionan dinámicamente a tres estados de pantalla. Lo que hoy se prueba aquí puede llegar mañana a modelos más asequibles, con el formato ya pulido y muchos errores corregidos.
Lo que el Galaxy Z TriFold puede significar para los plegables
Con la certificación de la IMDA, el Galaxy Z TriFold deja de ser una maqueta encerrada en cristal y se convierte en un producto real a punto de llegar a un grupo reducido de usuarios. Puede que el formato triple plegable no se convierta jamás en el nuevo estándar para todo el mundo, y probablemente no sea esa la meta a corto plazo. Pero sí amplía el horizonte de lo que entendemos por smartphone.
Entre el móvil, la tablet y el miniportátil, el TriFold abre un abanico de usos que no existía hace unos años. Y son precisamente este tipo de apuestas arriesgadas, caras y limitadas las que terminan marcando el camino para la siguiente generación de dispositivos. Si el experimento sale bien, dentro de unos años quizás veamos triple plegables mucho más baratos y comunes. Y cuando eso ocurra, muchos mirarán atrás y recordarán que todo empezó con un extraño móvil de 3.000 dólares que se doblaba en tres.
1 comentario
Como empiecen a crujir las bisagras al año como en mi Fold antiguo, devuelvo el invento al minuto