Si sigues de cerca el mundo de las gráficas, ya habrás notado que el problema no siempre es la GPU: cada vez más, el cuello de botella está en la memoria. Ahí es donde Samsung acaba de pisar el acelerador. 
La compañía ha iniciado la producción en masa de sus chips GDDR7 de 24 Gb (3 GB por chip) y, al mismo tiempo, está entregando a socios seleccionados versiones aún más rápidas de hasta 36 Gbps para pruebas internas. En la práctica, el “combustible” para la próxima generación de tarjetas de gama alta y modelos Super ya está saliendo de fábrica.
La estrella del anuncio es el chip GDDR7 de 24 Gb con una velocidad de 28 Gbps. Esta versión es la que ya se fabrica en volumen y la que probablemente veremos en buena parte de la familia GeForce RTX 50. En los vídeos oficiales de adelanto de la GeForce RTX 5090 Founders Edition ya se pudieron ver estos módulos, con el identificador K4vcf325zc-sc28 serigrafiado en el encapsulado, el mismo que aparece en la web de Samsung. Gracias a sus 3 GB por chip, los ensambladores pueden jugar con configuraciones muy flexibles: 18 GB, 24 GB o incluso 48 GB de VRAM, según el ancho del bus y el número de chips que monten en la PCB.
Pero lo verdaderamente interesante se esconde en las variantes que aún están en fase de muestreo. Además del modelo de 28 Gbps, Samsung tiene en cartera dos versiones más agresivas de estos mismos chips de 3 GB: una a 32 Gbps y otra que alcanza unos brutales 36 Gbps
. Sus códigos, K4vcf325zc-sc32 y K4vcf325zc-sc36, apenas dicen algo al usuario final, pero a nivel de rendimiento hablan de una banda de memoria que se acerca a lo que hace poco sólo veíamos en aceleradoras profesionales para centros de datos, no en gráficas de jugar en casa.
Del lado de Nvidia, los rumores encajan cada vez mejor con este movimiento. La línea base de RTX 50 usaría mayoritariamente los chips de 28 Gbps, mientras que a la GeForce RTX 5080 ya se la vincula con GDDR7 a 30 Gbps para arañar un poco más de ancho de banda. La futura familia RTX 50 Super, si los costes no se disparan demasiado, podría subir otro peldaño. Un hipotético GeForce RTX 5070 Super, por ejemplo, tendría espacio para pasar de 12 GB a 18 GB de VRAM simplemente adoptando chips de 3 GB en un bus más ancho. Para jugadores de 4K, ray tracing a tope y paquetes de texturas gigantes, esa diferencia es la frontera entre estar siempre bajando ajustes y disfrutar de una experiencia realmente fluida.
La otra mitad de la ecuación es la banda. Combinar GDDR7 a 28 Gbps con un bus de 256 o 320 bits ya supone un salto claro frente a muchas tarjetas actuales basadas en GDDR6X. Dar el salto a 32 o 36 Gbps empuja ese límite todavía más, reduciendo las posibilidades de que la memoria se convierta en el tapón cuando la GPU intenta mantener framerates altos con efectos avanzados, trazado de rayos, path tracing o motores gráficos modernos cargados de shaders complejos. Esto no sólo se traduce en más FPS en la media, sino en mejores tiempos de cuadro, menos microcortes y una sensación de juego mucho más estable. Y, de paso, acelera flujos de trabajo como edición de vídeo 4K/8K, render 3D o modelos de IA locales que se comen la VRAM sin piedad.
El problema, cómo no, está en la factura. El precio de la DRAM lleva tiempo subiendo, y más de un analista apunta a esa escalada de costes como el motivo por el que la gama RTX 50 Super podría retrasarse hasta alrededor del tercer trimestre de 2026. La memoria GDDR7 de alta densidad y velocidad extrema no sale precisamente barata, y el apartado de memoria ya representa una porción enorme del coste de materiales de cada tarjeta. Que Samsung ponga sus chips de 24 Gb en producción masiva deja claro que el plan a largo plazo sigue intacto, pero no cambia el hecho de que alguien tendrá que pagar la fiesta al final de la cadena.
Desde la perspectiva del jugador, el dilema se nota en cada hilo de discusión. Todos quieren más VRAM, más ancho de banda y menos sacrificios al marcar “ultra” en 4K. Pero al mismo tiempo crece el miedo a que cada gigabyte adicional se convierta en un buen puñado de euros extra en el precio final. En los comentarios ya hay quien bromea con que, antes de seguir subiendo la velocidad de la memoria, Samsung debería fabricar un nuevo conector de alimentación para Nvidia, para que nadie tenga que preocuparse de si el 12VHPWR acaba chamuscado en una gráfica tope de gama. Otros miran hacia el futuro de AMD y fantasean con una RDNA5 equipada con GDDR7 a 32 o 36 Gbps, dando por muerta a la RTX 4090 incluso antes de que aparezca una rival real en las estanterías.
Lo que sí parece claro es que la llegada de estos chips GDDR7 de 3 GB a la producción masiva marca un punto de inflexión para toda la industria. Con esta memoria disponible a gran escala, Nvidia, AMD y compañía pueden diseñar sus próximas gamas con mucha más libertad. Las tarjetas de gama media con 16–18 GB de VRAM pasan de ser rarezas a algo razonable, el segmento entusiasta se acerca a niveles de banda propios de estaciones de trabajo y los creadores de contenido reciben un empujón de rendimiento “gratis” en el mismo PC que usan para jugar. La gran incógnita ya no es si veremos una gráfica de consumo con los módulos de 36 Gbps, sino quién será el primero en lanzarla y cuánto habrá que rascarse el bolsillo para tener esa bestia de memoria en el propio equipo.