Durante años la lógica de los smartphones fue casi unánime: si llevas una buena cámara en el bolsillo, fotografíalo todo. Cada nueva generación de Galaxy llegaba con más lentes, más megapíxeles y más modos automáticos, y nosotros respondimos con ráfagas interminables de fotos: el café de la mañana, el atardecer desde la ventana, el perro del vecino, el concierto del viernes, el plato de ramen perfectamente colocado. Hacemos cientos de disparos, pero luego apenas tenemos tiempo, paciencia o energía para revisar ese mar de imágenes en la galería.
En ese contexto, la última apuesta de Samsung suena casi contracultural para una marca de tecnología: en lugar de animarnos a hacer aún más fotos, nos invita a hacer menos. 
No es una campaña dramática sobre falta de almacenamiento o tarifas en la nube; el foco está en algo más humano: el estrés de perseguir el “shot perfecto”, la sensación de vivir los momentos a través de la pantalla y no con la mirada levantada. La pregunta de fondo es incómoda pero necesaria: ¿de qué sirve tener miles de fotos si en el momento real casi no estabas presente?
La respuesta de la compañía se llama One Shot Challenge, una campaña pensada para Instagram que arranca el 25 de noviembre. El reto es tan sencillo que parece una provocación: en lugar de subir un carrusel con diez versiones casi idénticas de la misma escena, comparte solo una foto, el mejor disparo que fuiste capaz de hacer en ese instante. Lo demás déjaselo a Galaxy AI, el conjunto de herramientas de inteligencia artificial que Samsung está integrando en sus flagships, con funciones como Generative Edit en dispositivos como el Galaxy Z Fold 7.
Detrás del slogan hay una idea clara: recuperar la intención al hacer una foto. Elegir el ángulo, esperar la expresión, aceptar que el momento es fugaz y disparar una sola vez, sabiendo que después podrás pulir detalles sin necesidad de repetir la escena veinte veces. Para demostrar que esto no es solo una frase bonita de marketing, Samsung se ha aliado con el reconocido fotógrafo Tom Craig, habitual en revistas como Esquire, Vanity Fair o Vogue, conocido por sus retratos con aire cinematográfico y sus historias visuales llenas de atmósfera.
Craig se llevó únicamente un Galaxy Z Fold 7 al corazón del caos londinense: Piccadilly Circus, esa intersección donde se mezclan autobuses rojos, taxis, pantallas gigantes y turistas de todas partes. Nada de estudio controlado, nada de asistentes sujetando reflectores. Buscó un sujeto, observó la luz, esperó ese gesto exacto que cuenta una historia y, cuando todo encajó, hizo lo que pide el reto: presionó el botón una sola vez. El resultado inicial era exactamente lo que cualquiera ve cuando pasa por ahí: una escena viva, llena de tráfico, carteles y ruido visual por todas partes.
A partir de ahí entró en escena Generative Edit. Con unos pocos toques sobre la pantalla, Craig empezó a eliminar elementos que distraían del protagonista: partes del tráfico desaparecieron, colores agresivos del fondo se suavizaron, objetos molestos dejaron de competir por la atención. El encuadre ganó aire, la mirada se dirigió de forma natural al sujeto principal y la foto final conservó la esencia del momento, pero sin todo el caos alrededor. Lo interesante es que el fotógrafo no tuvo que esperar a que Londres se detuviera ni pedir milagros: priorizó la emoción del instante y se apoyó en la IA para limpiar la escena después.
En sus comentarios para Samsung, Craig insiste en algo que cualquier fotógrafo sabe, aunque a veces olvida: la mayoría de las grandes imágenes suceden en una fracción de segundo. Una mirada que se cruza, una carcajada espontánea, un rayo de luz que entra justo por la ventana, una coincidencia de fondo y gesto que no se repetirá igual. El smartphone es perfecto para atrapar esos micro-momentos, pero nuestra obsesión con el control total nos lleva a disparar en ráfaga, revisar, borrar, repetir… y mientras tanto la vida sigue detrás del visor.
Para respaldar esta reflexión con datos, Samsung encargó una investigación en varios países europeos. Los resultados reflejan algo que muchos intuimos: hacer fotos puede sacarnos del momento que queremos disfrutar. Muchas personas admiten sentir presión por documentarlo todo de manera “instagramable”, aunque en el fondo preferirían relajarse y estar más presentes. También aparecen las frustraciones clásicas: el famoso fotobomber que se mete en el último segundo, la sombra rara en la cara, la papelera perfectamente colocada detrás de tu amigo, el coche que arruina la simetría de la calle justo cuando apretaste el botón.
Lo curioso es que, pese a que la mayoría reconoce estas molestias, casi nadie explota a fondo las opciones de edición que tiene en el bolsillo. Pocos utilizan funciones avanzadas y muchísimos se quedan en el filtro automático de la app donde publican. Ahí es donde Samsung quiere que Galaxy AI marque la diferencia: no tanto como un estudio profesional portátil, sino como un asistente silencioso que entiende qué sobra en la escena y lo corrige sin exigir que el usuario sea experto en diseño o en retoque fotográfico.
Por supuesto, cuando hablamos de herramientas generativas, la conversación se vuelve más delicada: ¿hasta qué punto una foto sigue siendo “real” si puedes borrar personas, tráfico u objetos enteros con un par de gestos? El debate no es nuevo. Mucho antes de la IA avanzada, ya se discutía si cambiar el cielo, suavizar la piel o modificar colores de forma agresiva era una trampa o simplemente parte del lenguaje visual. La diferencia ahora es que Generative Edit y tecnologías similares permiten eliminar o inventar elementos de forma casi invisible, y eso obliga a distinguir el contexto: no es lo mismo un reportaje periodístico que una foto de vacaciones para tu feed.
En fotografía documental, la línea es clara: manipular la escena para alterar el sentido de lo que ocurrió rompe la confianza. Pero en retratos creativos, contenido para redes sociales o álbumes de viaje, la frontera es más flexible. Muchas de las decisiones que tomaba un fotógrafo analógico – elegir la hora del día, el ángulo, la lente, el encuadre que deja fuera lo feo – ya eran una forma de “editar” la realidad. La IA, vista así, no inventa el dilema, solo lo hace más evidente y accesible para todo el mundo.
Dentro del propio One Shot Challenge habrá quien prefiera mantener el caos de Piccadilly Circus tal cual, porque para esa persona el tráfico y las multitudes son parte de la identidad de Londres. Otros, en cambio, estarán encantados de limpiar el fondo y centrar toda la narrativa en el rostro del protagonista. Samsung no dicta una moral única sobre la edición; su mensaje va en otra dirección: deja de vivir con el disparador pegado al dedo, apuesta por un solo encuadre con intención y confía en que, si un detalle arruina tu foto, Galaxy AI puede ayudarte después.
En esa filosofía, el Galaxy Z Fold 7 y el resto de la familia Galaxy se convierten en una especie de red de seguridad. Si justo en el único disparo que hiciste se cuela un turista despistado, una señal de tráfico chillona o una sombra extraña, no tienes que recrear la escena ni arruinar tu recuerdo por ello. Ajustas, corriges, respiras. Al final, tu galería tendrá menos archivos, pero más historias claras detrás de cada imagen. Y en una época en la que fotografiamos cada café, cada trayecto y cada puesta de sol, que una gran marca diga abiertamente “haz menos fotos, pero hazlas mejor y vive más” suena, curiosamente, mucho más moderno que cualquier nuevo número de megapíxeles.
2 comentarios
soy ese que graba el concierto entero y nunca vuelve a ver los videos, creo que el reto va directo para mí 😅
la foto nunca fue realidad pura, siempre fue recorte; ahora solo tenemos más poder para decidir qué entra y qué se queda fuera