Durante buena parte de la última década, cuando se hablaba de atrevimiento en el mundo de los smartphones, el nombre que salía primero era Samsung. Pantallas gigantes cuando todos se burlaban de los “ladrillos”, la familia Note con S Pen y los primeros plegables realmente masivos: la marca coreana marcaba el ritmo y el resto intentaba seguirla. 
Hoy el relato se ha torcido: cada vez más usuarios sienten que la empresa vive de pequeños retoques, mientras Apple, con la familia iPhone 17, presume de ser la que está moviendo realmente el tablero.
Una encuesta reciente entre aficionados a la tecnología lo deja claro. Cerca del 85% de los votantes cree que Samsung se limita a hacer lo mínimo imprescindible: mejoras discretas año tras año, sin ese salto que te hace pensar que estás ante una nueva generación. Algo más del 10% opina que la compañía aún innova lo suficiente y menos del 5% dice no tenerlo claro. Traducido: la mayoría está cansada de los lanzamientos anuales de la serie Galaxy S y quiere volver a sentir que un nuevo Samsung es un acontecimiento, no un trámite.
Cansancio por las mejoras de pasillo
Si miramos las últimas generaciones de Galaxy S, es fácil entender esa sensación de monotonía. El patrón se repite: la cámara mejora un poco en noche, la pantalla gana brillo, el procesador suma puntos en benchmarks, One UI añade animaciones y menús… pero en el día a día el salto suele ser pequeño. Son móviles muy completos, de los mejores del mercado, pero han perdido ese factor sorpresa que antes hacía que la gente los enseñara con orgullo en la mesa del bar.
A esto se suma un detalle que muchos no perdonan: mientras las mejoras llegan a cuentagotas, funciones queridas van desapareciendo. Primero cayeron el jack de 3,5 mm y la ranura microSD. Después llegaron las polémicas por versiones distintas de procesador según la región, limitaciones en almacenamiento y un papel cada vez más difuso para el S Pen. El stylus, que durante años fue el sello de identidad de la gama Note y luego del modelo Ultra, ahora parece vivir en tierra de nadie: a veces protagonista, a veces accesorio, sin una apuesta realmente firme.
Apple se queda con el papel de “la que innova”
Mientras tanto, Apple ha sabido vender muy bien la idea de cambio de ciclo con la línea iPhone 17. Nuevo chip, más funciones de inteligencia artificial ejecutadas en el propio dispositivo, cámaras con modos muy vistosos y un discurso que insiste en “esto no es solo un nuevo iPhone, es otra etapa”. Te guste o no iOS, el mensaje cala: la sensación es que Apple acelera, mientras Samsung pule lo que ya tenía.
No sorprende que, en este contexto, Apple haya adelantado a Samsung como líder en ventas mundiales de smartphones. Más que una anécdota estadística, es un síntoma: si la marca de la manzana es percibida como la que arriesga e innova y Samsung como la que ajusta y corrige, la firma coreana no solo pierde cuota, también pierde ese prestigio de “motor de Android” que durante años la hizo casi intocable en los foros.
Samsung no está muerta: el ejemplo del Galaxy Z Fold 7
Sería injusto, aun así, decir que Samsung ha abandonado la innovación. Cuando la compañía decide apretar el acelerador, se nota. El mejor ejemplo reciente es el Galaxy Z Fold 7. Tras varias generaciones de plegables que se sentían más prototipo caro que producto redondo, este modelo por fin transmite otra cosa: más fino, más ligero, bisagra más sólida, menos sensación de experimento y un software que por primera vez aprovecha de verdad el formato tipo libro.
El Z Fold 7 no es perfecto, y hay rivales que pueden ganar en precio o en fotografía. Pero su recepción deja un mensaje claro: cuando Samsung se arriesga de verdad y cuida los detalles, el público responde. Para muchos usuarios desencantados con los Galaxy S “de copia y pega”, el Fold 7 demuestra que el ADN valiente sigue ahí, solo que aparece a ratos en vez de marcar toda la estrategia.
Exynos 2600 y Galaxy S26: oportunidad o último aviso
La próxima gran prueba de fuego será el Galaxy S26, llamado a estrenar el chip Exynos 2600 fabricado en 2 nm. Sobre el papel suena espectacular: más eficiencia, más potencia, más capacidad para ejecutar modelos de IA directamente en el móvil. Eso se traduce, al menos en teoría, en menos calor, mejor batería y funciones inteligentes que van desde fotos mejor procesadas hasta transcripción y traducción en tiempo real sin depender tanto de la nube.
El problema es que en 2025 nadie compra solo especificaciones. Los usuarios ya no preguntan “¿cuántos puntos hace en AnTuTu?”, sino “¿qué cambia en mi día a día?”. Si el Exynos 2600 y el Galaxy S26 quieren romper la narrativa del “mínimo esfuerzo”, tendrán que demostrarlo en cosas concretas: una autonomía que realmente aguante la jornada aunque exprimas el móvil, fotos nocturnas claramente mejores, asistentes que ayuden a trabajar o estudiar en vez de ser un icono bonito que jamás abres.
La libertad de Android: ventaja y castigo
En este debate aparece siempre el mismo comentario: si no te gusta Samsung, cambia de marca. Y, siendo sinceros, esa es la magia de Android. Hay Google Pixel con experiencia limpia, fabricantes chinos con diseños agresivos y carga ultra rápida, modelos más baratos con fichas técnicas locas… nadie está encadenado a una sola firma.
Pero la realidad es que para muchos el cambio no es tan sencillo. Quien lleva años en el ecosistema Samsung tiene probablemente reloj, auriculares, televisor y hasta electrodomésticos conectados a la misma cuenta, además de aprovechar programas de intercambio y servicios propios. Migrar no es solo “me compro otro móvil”, es desmontar una rutina digital. Por eso hay tanta crítica cargada de cariño: mucha gente no quiere abandonar Samsung, quiere que vuelva la Samsung que lideraba, no la que va mirando por el retrovisor a Apple.
Qué tendría que hacer Samsung para recuperar ilusión
La situación es clara: Samsung está en una encrucijada. Puede seguir lanzando buques insignia muy completos, con pocos puntos débiles pero también pocas sorpresas, o puede volver a abrazar el riesgo que la hizo famosa. Eso implica plegables más pulidos y menos de nicho, una estrategia clara para el S Pen en vez de parches año a año, compromisos firmes con actualizaciones largas y funciones de IA pensadas para resolver problemas reales del usuario, no solo para quedar bonitas en la presentación.
Si la marca quiere recuperar su aura de gran innovadora de Android, necesita al menos una generación de Galaxy que se sienta como un antes y un después. Un lanzamiento del que no se pueda decir simplemente “es lo mismo que el del año pasado, pero con otro color”. El Galaxy Z Fold 7 ya ha demostrado que la chispa está ahí. La gran pregunta es si el Galaxy S26 seguirá ese camino de ambición o si será recordado como otro paso pequeño, en un momento en que muchos ya miran de reojo a Apple y al resto de la competencia.
1 comentario
Lo que no entiendo es la gente que lleva cinco años rajando de Samsung y aun así compra el nuevo Galaxy cada temporada, bro, decide ya 😂