En muy pocos años, la conversación sobre procesadores móviles ha pasado de ser una guerra de cifras en benchmarks a algo mucho más incómodo para los fabricantes: ¿de verdad necesitamos tantos tipos de núcleos, sobre todo los famosos núcleos de eficiencia? La mejor prueba de esta crisis de modelo es MediaTek. 
Con el Dimensity 9300 dio el primer volantazo y con el Dimensity 9500 dobló la apuesta: adiós a los núcleos pequeños dedicados, hola a un diseño casi íntegro de alto rendimiento. Y lo más sorprendente es que la jugada no solo no ha salido mal, sino que pone presión directa sobre Samsung y sus Exynos, empezando por el 2600.
A finales de 2025, el resultado está a la vista. El Dimensity 9500 se sienta en la misma mesa que el Snapdragon 8 Elite Gen 5, compitiendo cara a cara en la gama más alta de Android. En AnTuTu 10 suele salir por delante, en Geekbench 6 mantiene el tipo sin problemas. Mientras tanto, Samsung sigue aferrada al esquema clásico de núcleos grandes, medianos y de eficiencia en su familia Exynos, incluso ahora que el Exynos 2600 llega con un proceso de 2 nm GAA bastante competente. La pregunta es inevitable: en este contexto, ¿los núcleos de eficiencia siguen siendo una herramienta útil o se han convertido en un lujo caro que resta espacio a CPU, GPU y NPU?
De big.LITTLE al modelo “casi todo núcleos grandes”
Durante años, la receta fue muy clara. Arquitectura big.LITTLE, varios núcleos potentes para tareas pesadas, un grupo de núcleos intermedios para el día a día y uno o dos núcleos diminutos, súper eficientes, para el sistema en reposo. El Snapdragon 8 Elite Gen 3 encajaba perfectamente en ese molde: un Cortex-X4 de máxima potencia, varios Cortex-A720 y un par de Cortex-A520 encargados de consumir lo mínimo imprescindible.
MediaTek rompió ese guion con el Dimensity 9300 y terminó de rematarlo con el Dimensity 9500. De repente, ningún núcleo está pensado únicamente para “tareas tonta”. Todos son relativamente grandes, todos son capaces de escalar hacia arriba y hacia abajo. Unos meses después Qualcomm siguió el mismo camino con el Snapdragon 8 Elite (Gen 4), ya con núcleos Oryon y sin el clásico grupo de cores minúsculos. El mensaje era claro: con nodos modernos, un núcleo grande trabajando a baja frecuencia puede ser tan eficiente como un núcleo pequeño de hace unos años, pero con mucha más flexibilidad cuando hay que pisar el acelerador.
En lugar de tres tipos de núcleo en una estructura rígida, la industria empieza a preferir menos variantes y más margen de ajuste. Las decisiones finas pasan del silicio al firmware y al scheduler. Para MediaTek, tradicionalmente vista como opción más barata y “segundo plato” frente a Snapdragon o incluso a Exynos, era un riesgo importante. Hoy está claro que el salto la ha colocado en el centro del debate.
Dimensity 9500: la demostración de que el riesgo compensa
El Dimensity 9500 es la versión más madura de esta filosofía. Su CPU de ocho núcleos combina un ARM C1-Ultra a 4,21 GHz con 2 MB de caché L2, tres C1-Premium a 3,50 GHz con 1 MB de L2 cada uno y cuatro C1-Pro a 2,70 GHz que se encargan de absorber la mayoría de tareas cotidianas sin dejar de ser potentes. Sobre el papel parece una configuración agresiva, casi excesiva.
En la práctica, sin embargo, ha convertido a MediaTek en un rival directo de Qualcomm en la franja más cara del mercado. El Dimensity 9500 logra mejores registros que el Snapdragon 8 Elite Gen 5 en AnTuTu 10 y en Geekbench 6 se mueve muy cerca, lo bastante como para que nadie pueda acusarlo de ser un chip “de relleno”. El cambio de percepción es profundo: ya no es el SoC “para abaratar costes”, es una alternativa de referencia que varios fabricantes eligen conscientemente para diferenciar sus modelos.
Eso no significa que el enfoque “casi todo núcleos grandes” sea perfecto. Cuantos más cores potentes metes en un trozo de silicio tan pequeño, más delicado se vuelve el equilibrio entre rendimiento, consumo y temperaturas. Si un fabricante de móviles configura el sistema con el único objetivo de impresionar en benchmarks, es fácil que el teléfono vuele en los primeros minutos de prueba y luego empiece a recortar frecuencia y FPS en juegos largos. Esa sensación de “truco de feria” es precisamente lo que hace que una parte de los usuarios mire con desconfianza cualquier cifra espectacular de MediaTek hasta ver pruebas de autonomía y estabilidad térmica.
Exynos 2500: cuando el núcleo de eficiencia se convierte en muleta
En el extremo opuesto está la historia del Exynos 2500. Samsung mantuvo aquí la receta clásica: núcleos grandes, medianos y de eficiencia, todo sobre un nodo de 3 nm que sobre el papel debía suponer un salto generacional. La realidad fue más amarga: bajas tasas de rendimiento en fábrica, problemas de estabilidad térmica y una sensación general de ir un paso por detrás de la competencia.
Muchos analistas describieron el Exynos 2500 como un chip que parecía llegar con un año de retraso. Los núcleos de eficiencia no consiguieron salvarlo de la crítica, sino que acabaron simbolizando un diseño conservador montado en un proceso que todavía no estaba listo. El problema no era que existieran esos núcleos, sino apoyarse en ellos como solución casi mágica en lugar de replantear el conjunto de la arquitectura.
Hay que recordar también el contexto: durante años, Exynos fue sinónimo de calor, throttling y comparativas poco favorecedoras con los Snapdragon. No cuesta imaginar a los responsables de producto dentro de Samsung con un miedo casi reflejo a repetir ese titular. Su reacción ha sido meter más “airbags” en forma de núcleos de eficiencia, bajar un poco los clocks y apostar por el lado seguro, aunque eso les cueste algunos puntos en la parte alta del ranking.
Exynos 2600: salto grande… con un pie en el pasado
Con el Exynos 2600 el panorama es diferente. El cambio al proceso de 2 nm GAA aporta, según estimaciones internas, en torno a un 30 % de mejora en eficiencia y control térmico respecto a la generación de 3 nm. Además, Samsung presume de una NPU bastante más potente, pensada para acelerar funciones de IA on-device. Las filtraciones de Geekbench 6, provenientes de fuentes fiables, dibujan una cifra alrededor de 3.455 puntos en single-core y unos 11.621 puntos en multi-core. Traducido: rendimiento de un solo núcleo al nivel del Dimensity 9500 y ventaja clara cuando trabajan todos a la vez.
Lo curioso es que el Exynos 2600 lo consigue sin abandonar la estructura con núcleos de eficiencia. Incluso arrastrando ese diseño heredado, el chip se cuela de lleno en la zona alta del mercado. Es imposible no preguntarse qué habría pasado si Samsung hubiera aprovechado el 2 nm GAA para hacer un corte más drástico y apostar por un layout de CPU más simple y más agresivo.
El coste de esa prudencia no es solo técnico, también financiero. Como Exynos todavía no inspira suficiente confianza para mover en solitario toda la gama alta, Samsung seguirá recurriendo al Snapdragon 8 Elite Gen 5 para el Galaxy S26 Ultra. Los cálculos apuntan a unos 4.000 millones de dólares solo en compra de chips. Es difícil no ver esa cifra como el precio que paga la compañía por no haber conseguido que Exynos sea un procesador global sin asteriscos.
¿Tienen sentido los núcleos de eficiencia en 2025?
Si uno se queda únicamente con los benchmarks, la conclusión parece evidente: los núcleos de eficiencia han perdido gran parte de su razón de ser en la gama alta. Los núcleos grandes y medios de hoy, funcionando a frecuencias bajas, pueden ser absurdamente frugales. Y cuando hace falta potencia, basta con subir el reloj sin cambiar de tipo de core. En ese escenario, mantener un cluster dedicado de núcleos pequeños empieza a parecer un lujo difícil de justificar.
Pero el uso real de un móvil no es una maratón de Geekbench. La gente quiere que la interfaz vaya fluida, que la batería aguante el día, que el teléfono no se convierta en un ladrillo caliente viendo TikTok o jugando una partida larga. Desde esa perspectiva, la estrategia de Samsung tiene cierto sentido: si los núcleos de eficiencia ayudan a que el sistema consuma casi nada en reposo y dejan más margen térmico para que la GPU se luzca cuando toca, más de un usuario va a preferir ese perfil frente a un salto marginal en puntuaciones sintéticas.
Además, hay una realidad incómoda para los amantes de las especificaciones: la mayoría de los SoC de gama alta van sobradísimos de CPU para lo que la gente hace con ellos. Redes sociales, mensajería, navegador, streaming, cámara… prácticamente cualquier tope de gama reciente los maneja sin despeinarse. Quien necesita potencia bruta para trabajar con vídeo, código o ciencia suele usar un portátil o un equipo de escritorio, donde peso, ruido y consumo juegan en otra liga.
MediaTek vs Samsung: dos filosofías enfrentadas
A partir de ahí, lo que tenemos son dos visiones distintas de un mismo problema. MediaTek ha decidido que su carta de presentación será “vamos a por todas”: muchos núcleos fuertes, nada de lastre y benchmarks para presumir. Sabe que pisa hielo fino en cargas prolongadas, pero confía en el trabajo de los fabricantes de móviles para gestionar disipación y perfiles de energía.
Samsung, en cambio, se comporta como el alumno que ya se quemó una vez y no quiere repetir el error. Elige una arquitectura con red de seguridad, mantiene los núcleos de eficiencia como seguro anti-drama y se apoya en ellos incluso cuando el proceso de 2 nm ya le permitiría arriesgar algo más. Técnicamente, esos núcleos pequeños siguen ofreciendo ventajas, pero cada milímetro cuadrado que se les destina es un milímetro que no se invierte en GPU, NPU o en más núcleos medios flexibles.
Por eso no tiene sentido proclamar que los núcleos de eficiencia son “inútiles”, pero sí se puede decir que se han convertido en símbolo de una generación anterior de diseños. En aquella época, los núcleos grandes eran demasiado tragones a baja frecuencia; hoy, con nodos de 2–3 nm, la ecuación ha cambiado. La pregunta ya no es si se puede ahorrar energía con núcleos pequeños, sino si es la mejor forma de gastar el valioso área del chip en un producto que aspira a ser el mejor de su categoría.
Qué debería aportar un futuro Exynos 2700
Si Samsung quiere que Exynos deje de ser “el plan B” y se convierta en una alternativa plenamente respetada frente a Snapdragon y Dimensity, el siguiente paso tiene que ser mucho más ambicioso. Para un hipotético Exynos 2700 eso significa simplificar el diseño de CPU, apostar fuerte por núcleos medios capaces de moverse desde un modo ultraeco hasta un modo turbo sin drama térmico y colocar buena parte del presupuesto de silicio en GPU y NPU, que son donde los usuarios sí notan diferencias claras en juegos, cámara y funciones de IA.
Los números filtrados del Exynos 2600 ya indican que la base está ahí: rendimiento sólido, una NPU que suena competitiva y un nodo de 2 nm que, por fin, juega a favor y no en contra. Lo que falta es ese golpe de mesa arquitectónico que ya dio MediaTek: dejar de diseñar con miedo a titulares del pasado y construir un chip que exprima de verdad el potencial de su proceso de fabricación.
Hasta que eso ocurra, el Dimensity 9500 seguirá siendo el mejor ejemplo de cómo una decisión arriesgada puede cambiar el tono de toda una conversación. La eficiencia seguirá siendo palabra clave en el mundo móvil, pero eso ya no implica necesariamente mantener un ejército de núcleos pequeños. Para Samsung, la era de los 2 nm es la ocasión perfecta para cerrar el capítulo del Exynos acomplejado y subir, por fin, al mismo escenario que Dimensity y Snapdragon sin red de seguridad.