
Snapdragon o Exynos en el Galaxy S26: Qualcomm apunta al 75 % mientras Samsung reactiva su Exynos 2600 de 2 nm
La pregunta que lleva meses dando vueltas en la comunidad Android es simple y a la vez decisiva: ¿los Galaxy S26 llegarán mayoritariamente con Snapdragon o con Exynos? Tras un río de filtraciones y pronósticos cruzados, llegó una señal clara desde San Diego. En su última charla con inversores, Qualcomm dejó caer su nueva hipótesis de trabajo: alrededor del 75 % de la familia Galaxy S26 integrará su plataforma Snapdragon. No es un número cualquiera; rompe con la idea de un reparto 50/50 y marca el tono para la próxima generación.
Para entender cómo hemos llegado aquí hay que mirar el ciclo anterior. Toda la serie Galaxy S25 se lanzó con Snapdragon 8 Elite en todos los mercados. La razón no fue ideológica, sino industrial: las dificultades de rendimiento (yield) en el proceso de 3 nm de Samsung Foundry limitaron la disponibilidad del Exynos 2500. Samsung tuvo que comprar más chips de Qualcomm a contrarreloj, un movimiento que, según estimaciones del sector, supuso un sobrecoste de cientos de millones de dólares. El usuario ganó homogeneidad global; el plan Exynos, en cambio, quedó temporalmente en pausa.
La vuelta de tuerca llega con el Exynos 2600, fabricado en el nodo de 2 nm de Samsung Foundry con transistores Gate-All-Around (GAA). En esta arquitectura, el canal queda envuelto por el gate en todos sus lados, lo que reduce fugas y mejora la capacidad de conducción. Traducido a la práctica: más rendimiento por vatio y menos pérdidas en la base misma del transistor, sin depender únicamente de subidas de frecuencia. Si Samsung despliega el 2600 en parte de la serie S26, estaríamos ante uno de los primeros smartphones comerciales de 2 nm del mercado.
¿Y en potencia bruta? Los objetivos internos que circulan en la industria sitúan al Exynos 2600 muy cerca del Snapdragon 8 Elite Gen 5 en rendimiento general, con un énfasis especial en la IA en el dispositivo. Se habla de un NPU más ancho, mejores rutas de memoria y operadores optimizados para visión, voz y tareas multimodales. Incluso hay informes que apuntan a ventajas frente a soluciones rivales en determinadas cargas de IA. Como siempre, el contexto manda: los números dependen del tamaño de los modelos, de los operadores usados y del ancho de banda disponible, además del presupuesto térmico.
Qualcomm, por su parte, suena cómoda en el rol de mayoría. Tras un 100 % forzado en los S25, la compañía dibuja ahora un suelo del 75 % para «cualquier nuevo Galaxy». La lectura entre líneas es evidente: Samsung volverá a la estrategia de doble proveedor, pero el volumen principal seguirá en manos de Snapdragon, al menos en el arranque. Para ambas partes esto significa previsibilidad industrial, cobertura de módem y drivers maduros, además de un seguro frente a contratiempos en una única cadena de producción.
¿Qué implica para quien piensa comprar? Probablemente, un mapa por regiones: Snapdragon en muchos mercados clave y Exynos en otros, con la posibilidad – no descartada por filtraciones – de que incluso la variante Ultra alterne según el país. Históricamente, Snapdragon ha destacado por módems muy pulidos, compatibilidad de bandas y estabilidad gráfica en sesiones largas de juego. Exynos ha sido más irregular entre generaciones, y el 2600 quiere precisamente resetear esa narrativa con saltos tangibles en eficiencia y en IA.
El campo de batalla de 2025 será la IA integrada: generación de imágenes en el móvil, traducción simultánea, asistentes contextuales, edición avanzada de foto/vídeo y funciones de cámara «inteligentes». Si el Exynos 2600 cumple lo prometido en consumo bajo cargas de IA sostenidas, veremos ventajas en autonomía en escenarios que antes drenaban la batería con rapidez. En paralelo, es razonable esperar que las unidades con Snapdragon mantengan su tradicional fortaleza en conectividad, agregación de portadoras y comportamiento térmico predecible al jugar.
Entonces, ¿por qué seguir con una mayoría Snapdragon si Exynos mejora? La respuesta pasa por gestión de riesgo y garantía de suministro. Un lanzamiento tope de gama exige millones de unidades en ventanas de tiempo estrechas. Repartir la producción reduce la exposición a problemas de un solo nodo o de un paso de empaquetado, y permite mantener el pulso incluso si una línea se atasca. También hay un ángulo comercial: asegurar Snapdragon en mercados estratégicos tranquiliza a operadores y a la comunidad gamer, mientras que las versiones con Exynos sirven a Samsung para exhibir el liderazgo de su foundry con una adopción temprana de 2 nm.
Conviene recordar, además, que el software mueve la aguja: las primeras oleadas de actualizaciones tras el lanzamiento suelen ajustar scheduler, drivers de GPU y runtimes de NPU. No es raro ver mejoras en temperatura, throttling y eficiencia en las semanas posteriores, independientemente del chip.
En síntesis: Qualcomm proyecta alimentar tres de cada cuatro Galaxy S26, mientras Samsung regresa al primer plano con un Exynos 2600 de 2 nm y transistores GAA. Para el usuario, más que un «blanco o negro», es la convivencia de dos perfiles válidos dentro de la misma familia: conectividad y gaming impecables por un lado; eficiencia y músculo de IA por el otro, con un gap menor que en años pasados.
1 comentario
75 % para Snapdragon? pensaba en 50/50, flipé