
La nueva obsesión de South Park: por qué Trey Parker y Matt Stone siguen apuntando a Trump – y qué dice eso de la sátira en 2025
La 27ª temporada pisó el acelerador y la 28ª mantuvo la dirección: buscar el punto exacto donde la risa incomoda. Entre picos de audiencia, entregas al límite y polémicas cruzadas, los creadores volvieron a meter el dedo en la llaga.
Cuando South Park abrió la 27ª temporada con un arranque demoledor en el que Donald Trump volvía al centro del huracán, muchos pensaron que sería una travesura de una noche. No lo fue. La reacción fue inmediata: titulares, discusiones encendidas y ese zumbido inconfundible de “esto no va a parar aquí”. En entrevistas recientes, Trey Parker y Matt Stone reconocen que la trama se armó a contrarreloj, apenas semanas antes del estreno. El personaje previsto para un cameo terminó ofreciendo un manantial de chistes, metáforas y exageraciones que el equipo no quiso cerrar.
Un giro de última hora que se quedó
El método Parker/Stone siempre combinó una logística suicida con olfato periodístico: escribir pegados al calendario para que cada episodio huela a ahora. La 27ª temporada probó un ritmo quincenal que ofrecía un poco más de aire sin perder el pulso de la actualidad. Aun así, el caos se cobró su peaje: el final de temporada se retrasó a horas del aire y los propios creadores asumieron la culpa por llegar tarde. Paradójicamente, esa fricción es combustible: es lo que mantiene la serie con la sensación de “esto lo terminaron hace cinco minutos”.
Tabúes, miedo y el imán de lo prohibido
Matt Stone lo ha dicho mil veces: se sienten atraídos por lo que la gente cree que no se puede bromear. Su lectura es que alrededor de Trump y de la cultura que lo rodea – la masculinidad performativa, los cruzados moralistas, las campañas de pureza – se formaron nuevos tabúes. Ahí, justo en ese borde, es donde South Park suele rendir mejor. Si aparece una línea roja, su instinto es cruzarla, reírse de lo que hay al otro lado y medir quién aplaude y quién se enfada.
¿Sigue siendo “tabú” burlarse de Trump?
Aquí empieza la discusión. Para un sector, reírse de Trump se volvió industria: late nights, redes, monólogos, memes, todo el día todos los días. Para otro, una cosa es el chiste rutinario y otra hurgar en las zonas más tóxicas y conectarlas con fallas estructurales – cultos al “alfa”, religiosidad de escaparate, censura con traje de virtud – como hace la serie cuando mejor funciona. Ambas miradas pueden ser ciertas: el blanco es ubicuo, pero el modo de integrarlo en una sátira más amplia es lo que decide si muerde o si apenas hace cosquillas.
¿Se alinearon? La memoria dice otra cosa
Quien acusa a Parker y Stone de “elegir bando” olvida el archivo: South Park ha arremetido contra dogmas de izquierda y de derecha por igual. Ahí están PC Principal y Strong Woman, la broma del Panderverse, Al Gore perseguido por el ManBearPig, las caricaturas de activistas famosos y las parodias de pánicos mediáticos. La regla ha sido siempre la misma: pegarle a la grandilocuencia y al extremismo, venga de donde venga. El arco actual no contradice esa tradición; la canaliza por el lugar más inflamable de la política estadounidense.
Público dividido, objetivo cumplido
La sátira no se mide con probetas, pero las reacciones sirven como termómetro. Y aquí hay fiebre: comentarios que arden, foros que hierven, columnas que discuten si la serie sigue siendo “para todos” o si ahora juega en la trinchera de la guerra cultural. Unos piden el mismo filo para Biden; otros responden que la realidad con Trump a veces escribe los gags sola. Ese ruido es parte del plan: Parker y Stone buscan risa, sí, pero también chispa, cortocircuito, conversación encendida. Si molesta, mejor.
El cansancio llegará – y el giro también
El propio Parker ha dejado entrever que el foco en Washington no será eterno. Nunca lo fue. La apuesta silenciosa de los creadores es que South Park sobrevive a cualquier administración. Cuando D.C. deje de inspirar, la cámara regresará a la primaria de South Park y un nuevo brote de pánico moral señalará dónde pinchar. Esa elasticidad – cambiar de piel sin limar los colmillos – explica por qué la serie sigue importando casi tres décadas después.
La fábrica del caos: cómo se hace cada episodio
La temporada 28 mantuvo el compás quincenal: suficiente para pulir guiones y animación, lo bastante cerca de la agenda para no sonar a eco tardío. Sí, a veces se rompen los plazos; es el precio de no embalsamar la actualidad. El resultado, cuando cuaja, es una historia que no es simple collage de memes, sino una comedia caliente que ya tiene forma.
Para qué sirve la sátira hoy
El 2025 puso la confianza pública a prueba de estrés: dos bandos acusándose de mentir y audiencias filtrando todo por reflejos tribales. En ese escenario, gana quien muestra primero la contradicción y la vuelve risible. South Park no presume “valentía por reírse de Trump” como fin en sí mismo; insiste en el principio que los trajo hasta aquí: nada es sagrado, ni el héroe del día ni su enemigo favorito. Que a alguien le parezca rebeldía o moda de multitud depende del asiento desde donde mira. El contrato del programa, en cambio, permanece: si nace un nuevo tabú, los chicos estarán ahí antes que nadie.
Fechas restantes de la temporada 28
- Episodio: 12 de noviembre
- Episodio: 26 de noviembre
- Episodio: 10 de diciembre
Hasta entonces, esperen más empujones a los límites. Y cuando aparezca un borde más jugoso, no duden: lo cruzarán sin mirar atrás.
2 comentarios
TDS o no, los titulares llegan con sketch incluido cada mañana 😂
A veces parece manual de guerra cultural, menos universal, más nicho. Igual no me lo pierdo 🙃