Desde que salió el primer Steam Deck y, más tarde, la versión con pantalla OLED, hay una pregunta que se repite en cada debate sobre consolas portátiles y PC de bolsillo: ¿cuándo llega el Steam Deck 2? Mientras otros fabricantes anuncian nuevos modelos casi cada año, Valve parece ir a otro ritmo. 
Desde fuera puede parecer lentitud o desinterés, pero en realidad responde a una idea muy clara: si lanzan un sucesor, debe sentirse como una nueva generación de verdad, no como un simple modelo 1.5 con unos cuantos FPS extra.
Cuando el Steam Deck original aterrizó a principios de 2022, cambió por completo la conversación sobre el juego portátil en PC. De repente, tu biblioteca de Steam ya no estaba atada al escritorio: podías llevártela al sofá, al tren o al avión sin depender de la nube. La revisión OLED afinó la fórmula con una pantalla mucho mejor, colores más profundos, mejoras de autonomía y un acabado más cómodo en la mano. Sin embargo, el corazón del aparato seguía siendo el mismo: el mismo chip, la misma arquitectura base. Y mientras tanto, dispositivos como ASUS ROG Ally o Lenovo Legion Go empezaron a presumir de más potencia bruta sobre el papel.
A medida que esa competencia crecía, también crecía el coro de jugadores pidiendo un Steam Deck 2 de verdad. Y ahí es donde Valve ha sido sorprendentemente transparente. El ingeniero Pierre-Loup Griffais lo ha repetido en varias entrevistas: sí, están pensando en el futuro del Deck, pero no están interesados en sacar un modelo que ofrezca solo un 20, 30 o incluso 50% más de rendimiento si la batería se queda igual. Ese tipo de mejora, explica, es un salto pequeño, algo que el usuario medio difícilmente percibe como una nueva generación y que rápido quedaría eclipsado por lo que venga después.
Por eso, en lugar de diseñar primero el hardware y luego buscar qué chip encaja, Valve está trabajando al revés: analiza las hojas de ruta de fabricantes como AMD y parte de ahí. Lo que quieren es un SoC capaz de ofrecer un aumento claro de potencia gráfica y de CPU, manteniendo al mismo tiempo un consumo razonable, un chasis manejable y unas temperaturas y ruido que no arruinen la experiencia portátil. No sirve de nada ganar 40% de FPS si el ventilador suena como un secador de pelo y la batería muere en hora y media.
Entre líneas se nota que, en la mente de Valve, el concepto de Steam Deck 2 ya está bastante dibujado. Internamente, seguramente manejen objetivos concretos de resolución, FPS, soporte de tecnologías modernas como ray tracing y reescalado tipo FSR, además de una autonomía mínima que consideren aceptable para juegos exigentes. Griffais ha llegado a decir que tienen una idea bastante sólida de lo que debería ser el próximo Deck. Lo que no tienen todavía es el silicio adecuado para hacerlo realidad sin compromisos que luego se conviertan en quejas.
De ahí nace la teoría que ronda todos los foros y redes: 2027. En su momento, la propia Valve insinuó que 2025 o 2026 podían ser ventanas lógicas para un salto de hardware, siempre y cuando la tecnología acompañara. Pero el progreso en rendimiento por vatio se ha ido ralentizando, mientras las expectativas del jugador solo suben: más resolución, más efectos, más estabilidad, menos ruido, más horas lejos del enchufe. Un par de años extra pueden marcar la diferencia entre un chip que se siente justo desde el día uno y otro que realmente aguanta varios años de novedades.
Al mismo tiempo, los rumores sobre un nuevo dispositivo portátil de Sony se vuelven cada vez más insistentes. Ya no hablamos solo de aparatos para Remote Play, sino de un posible handheld capaz de ejecutar juegos de manera nativa en un nivel cercano al de una PlayStation 5 base. Si esa máquina aparece también en la segunda mitad de la década, es fácil imaginar un escenario en el que un futuro Steam Deck 2 y ese hipotético portátil de Sony coincidan en el tiempo. Dos dispositivos con ADN de AMD, parecidos en músculo bruto, pero con filosofías totalmente distintas.
En un lado tendríamos el ecosistema abierto de Steam: ofertas constantes, mods, Early Access, emulación, posibilidad de instalar Windows, de trastear con Linux, de convertir el Deck en mini PC cuando haga falta. En el otro, el mundo PlayStation: grandes exclusivos, interfaz pulida, experiencia más cerrada pero muy cómoda, pensada para enchufar y jugar sin complicarse. Aunque las cifras de rendimiento fueran similares, para muchos la decisión estaría menos en quién tiene más FPS y más en qué estilo de vida gamer quieren para su portátil.
Mientras tanto, Valve sigue ampliando poco a poco su familia de hardware vinculada a Steam, experimentando con controladores, dispositivos para el salón y realidad virtual. El Deck es la pieza móvil de ese puzzle, y precisamente por eso la compañía no quiere quemar la marca con un relevo que se quede corto. En este contexto, tiene sentido que el Steam Deck OLED siga siendo el protagonista: es lo bastante potente, se vende bien y no da la sensación de estar descatalogado, lo que permite a Valve ganar tiempo para acertar con el siguiente paso.
Por eso, cuando alguien escribe en los comentarios algo como ‘its coming in 2027’ con tono de meme resignado, no suena tan descabellado. No hay anuncio oficial ni fecha marcada en piedra, pero encaja con lo que la propia Valve ha dicho, con los plazos habituales de AMD y con los movimientos del resto de la industria. Hasta que ese día llegue, el Steam Deck que existe ahora no es un aparato condenado a la obsolescencia, sino la base sobre la que se está construyendo, con calma, el que debería ser el verdadero Steam Deck 2: un portátil que se sienta claramente de nueva generación y no solo como otro pequeño upgrade en una caja distinta.
1 comentario
Prefiero mil veces que esperen a un salto grande antes que sacar un Deck 1.5 con 30% más FPS y media hora menos de batería