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Steam Machine de Valve: precio de mini PC, alma de consola y un público muy escéptico

por ytools
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La nueva Steam Machine de sobremesa de Valve, a la que buena parte de la comunidad ya llama medio en broma, medio en serio "GabeCube", llegó a los titulares como el supuesto siguiente paso lógico tras el Steam Deck: una cajita pequeña debajo de la tele, SteamOS como sistema operativo, acceso directo a toda tu biblioteca de Steam y una experiencia de salón sin tener que pelearte con drivers ni cables. Sobre el papel sonaba casi como una nueva consola con ADN de PC. Pero antes incluso de que Valve publique el precio oficial, hay un punto que ya está marcando el debate: el aparato no va a estar subvencionado.

En el mundo de las consolas, el modelo clásico es justo el contrario.
Steam Machine de Valve: precio de mini PC, alma de consola y un público muy escéptico
Desde hace generaciones, Sony y Microsoft venden PlayStation y Xbox con márgenes ajustadísimos, e incluso asumiendo pérdidas al principio, confiando en recuperar el dinero a base de juegos, servicios online, suscripciones tipo Game Pass y mandos, cascos y demás accesorios. El usuario se lleva mucha potencia por un precio relativamente bajo, y el fabricante va cobrando poco a poco durante toda la vida útil de la máquina. Por eso, cuando Valve enseñó su Steam Machine, mucha gente asumió automáticamente que iba a seguir exactamente esa estrategia.

Tendría sentido: Steam se queda una comisión importante de cada juego, Valve ya ha vendido mandos, dispositivos de streaming, visores de realidad virtual y otros cacharros, y conquistar el salón implica enganchar a nuevos usuarios a su ecosistema. Una caja estilo consola, barata de salida y bien integrada con Steam, encajaba perfectamente en ese plan mental. No pocos se imaginaron un "PS5 de la Steam" que costaría más o menos lo mismo que una consola, pero con toda la flexibilidad de un PC.

La realidad que ha ido pintando Valve es bastante distinta. El ingeniero de hardware Yazan Aldehayyat ya adelantó que el precio sería "realmente competitivo si lo comparas con montar un PC parecido en casa". Dicho en cristiano: no esperes milagros, va a costar más o menos lo que valen las piezas. Más tarde, el ingeniero de software Pierre-Loup Griffais fue totalmente directo cuando le preguntaron si la empresa estaba dispuesta a vender la Steam Machine con pérdidas para ganar cuota de mercado. Su respuesta fue un no rotundo. La Steam Machine no va a ser una consola subvencionada, sino un producto alineado con el mercado actual de PCs.

En lugar de tirar de un precio rompedor, Valve apuesta por el discurso técnico. La compañía presume de un formato ultracompacto, de una refrigeración diseñada para mantener el ruido al mínimo y de un rendimiento difícil de alcanzar en cajas pequeñas montadas por uno mismo. A eso se suman detalles que los entusiastas de PC rara vez tienen tan pulidos: HDMI CEC para controlar la tele, módulo de red con cuatro antenas pensado para un Wi-Fi estable, y un Bluetooth afinado para que cuatro mandos puedan funcionar a la vez sin dramas. La idea es que la GabeCube se sienta como un electrodoméstico de salón, no como un mini PC que vibra dentro de una caja de metal.

Pero toda esa ingeniería no sale gratis. Sin subsidio de hardware y con rumores de subida en el precio de la RAM y otros componentes, las estimaciones ya apuntan a una horquilla de entre 800 y 900 dólares. Es decir, bastante más que una PlayStation 5, que se mueve típicamente entre los 400 y 500 dólares y baja todavía más en rebajas. En la práctica eso coloca a la Steam Machine en el mismo territorio que mini PCs de gama alta de marcas como Asus o Minisforum, lejos de la zona de precio que la mayoría de jugadores asocia a una consola de salón.

La reacción de la comunidad, como era de esperar, no ha sido precisamente suave. En comentarios y foros abundan etiquetas como "DOA" (dead on arrival, muerta al nacer). Muchos usuarios sienten que Valve está repitiendo el error de la primera oleada de Steam Machines: un cacharro con buenas ideas, pero con un precio que sólo resulta atractivo para un nicho muy pequeño. En un contexto post pandemia, con alquileres altos, sueldos apretados y un coste de vida disparado, la idea de soltar 800 o 900 dólares por una segunda máquina para el salón suena, para mucha gente, completamente desconectada de la realidad.

Los datos que se han filtrado de la configuración tampoco ayudan a apagar el fuego. Se habla de una GPU basada en RDNA3 con solo 8 GB de memoria de vídeo y una CPU de seis núcleos. Nada desastroso, pero tampoco algo que haga decir "esto revienta a las consolas". En paralelo, el PS5 monta ocho núcleos y una memoria unificada que puede asignar más de 12 GB efectivos a gráficos cuando hace falta, y sigue siendo más barato. Muy pronto surge la pregunta obvia: ¿por qué pagar bastante más por un aparato que, en el mejor de los casos, rinde parecido a una consola que ya puedes comprar por bastante menos?

Ahora bien, no todo el mundo mira la Steam Machine con ojos de consolero. Hay un grupo de usuarios que ni la ve como "competidor de PS5", ni la quiere para jugar a exclusivos, sino como un mini PC Linux llave en mano, certificado por Valve para correr SteamOS, Proton y todo lo que venga encima. Para quien quiere Linux pero no quiere luchar con drivers, BIOS raras y distros, una GabeCube silenciosa y validada, que sirva de PC de escritorio de día y de máquina de juegos por la noche, tiene bastante encanto. Especialmente si la alternativa es estar semanas ajustando una instalación casera.

El problema es que la historia del hardware de Valve no invita precisamente a la confianza ciega. Antes del Steam Deck, casi todos los experimentos físicos de la compañía acabaron como productos de culto o directamente desaparecieron: la primera generación de Steam Machines se diluyó entre modelos de socios, el Steam Controller se convirtió en rareza de coleccionista, el cacharro de streaming para la tele pasó sin pena ni gloria. El Deck fue la excepción: llegó en el momento justo, cuando mucha gente estaba harta de la potencia limitada de Switch y a la vez quemada con los precios absurdos de las tarjetas gráficas, y ofreció algo realmente distinto a un coste razonable.

Por eso hay quien teme que Valve esté leyendo mal ese éxito, como si el mensaje fuera "cualquier hardware con logo de Steam se vende solo". Y la Steam Machine, tal y como se ha presentado hasta ahora, no tiene una posición tan clara. ¿Es una puerta de entrada para consoleros curiosos por el PC? ¿Es un refuerzo para gente con PC flojo que quiere simplemente enchufar algo más potente a la tele? ¿Es la cajita que unos padres comprarán al hijo de 11 años para Roblox y Fortnite sin pensar demasiado en especificaciones?

Algunos críticos sostienen que habría tenido más sentido lanzar una "familia" de dispositivos bien atada: un Steam Deck 2, una caja de salón y un dock que conecte todo, con integración fluida entre portátil y sobremesa. En lugar de eso, esta Steam Machine parece un experimento independiente que intenta gustar a tres perfiles distintos a la vez y corre el riesgo de no enamorar de verdad a ninguno.

Aun así, sería exagerado darla por fracasada antes de que llegue a las tiendas. El mercado de mini PCs potentes con CPU híbrida y gráfica dedicada Radeon ya existe y se mueve precisamente en ese rango de 800 a 900 dólares. Si Valve consigue ofrecer, por un precio similar, una máquina mejor construida, más silenciosa y con soporte oficial decente para Linux y SteamOS, la GabeCube puede ganarse un hueco entre usuarios que valoran tanto la estabilidad como la comodidad. Especialmente entre quienes nunca han sido muy de Sony o Microsoft y ven el aparato más como herramienta versátil que como juguete caro.

Para el gran público, sin embargo, la ecuación sigue siendo muy simple: o consola barata y directa, o PC completo que puedes ampliar y actualizar. La Steam Machine se sitúa justo en medio, con precio cercano al PC pero sin la misma libertad para cambiar piezas, y sin la imagen de consola tradicional que todo el mundo entiende. Históricamente, ese tipo de híbrido lo ha tenido complicado. Si el precio final se acerca de verdad a los 900 dólares y ni siquiera incluye un mando, la sensación de estar pagando tarifa de PC por comodidad de consola va a ser difícil de vender fuera de un nicho entusiasta.

Al final todo se reduce a una pregunta muy terrenal: ¿a partir de qué cifra empieza a compensar tener una cajita silenciosa, compacta y afinada para SteamOS bajo la tele o en el escritorio? Si uno se fija en encuestas y comentarios, el techo psicológico de muchos usuarios está en torno a los 500 dólares, con 600 ya como concesión con muchas dudas. Valve apuesta a que la mezcla de ingeniería, ecosistema y comodidad será suficiente para convencer a una parte del público de pagar precio de mini PC por una experiencia tipo consola. Los números de ventas dirán si esa apuesta fue visionaria o si la nueva Steam Machine se queda como otra curiosidad cara en la larga lista de intentos por llevar el PC al salón.

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