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¿Está la DRAM tan cara que el slot microSD volverá a los smartphones?

por ytools
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¿Está la DRAM tan cara que el slot microSD volverá a los smartphones?

La memoria se dispara y el viejo slot microSD vuelve a la conversación

Durante años, el lector de tarjetas microSD fue la tabla de salvación para cualquiera que se quedara sin espacio en el móvil. Comprabas un smartphone con el almacenamiento más barato, añadías una tarjeta de 128 o 256 GB y listo: más fotos, más vídeos, más apps sin dejar el sueldo en la versión “Ultra Mega Storage”. Poco a poco, esa comodidad fue desapareciendo. Los fabricantes empezaron a eliminar el slot, amparándose en diseños más delgados, resistencia al agua y mejores velocidades de la memoria interna. Detrás del discurso técnico, sin embargo, había una realidad incómoda: vender más gigas soldados en la placa dejaba mucho dinero extra por cada teléfono.

Ahora el péndulo se mueve en la dirección contraria. Los precios de la memoria DRAM se han disparado, el suministro está tenso y cada chip de RAM o de almacenamiento rápido cuesta bastante más que hace unos meses. En ese contexto, algo que sonaba “anticuado” vuelve a parecer una idea inteligente: permitir que el usuario amplíe el espacio con una simple tarjeta microSD.

Rumores desde la cadena de suministros china

El tema ha vuelto a sonar con fuerza a raíz de comentarios de proveedores en China. Un filtrador conocido en Weibo bajo el alias Repeater 002 asegura que varios actores del ecosistema móvil están debatiendo internamente recuperar el slot microSD en futuros modelos. No se mencionan marcas ni gamas concretas, pero el hecho de que esto se discuta a nivel de fábrica ya es significativo. En esa fase no se habla de nostalgia ni de caprichos, se habla de costes, márgenes y precios finales.

Es en esas reuniones, mucho antes de que veamos renders o especificaciones filtradas, donde se decide cuánta RAM y cuánto almacenamiento interno puede permitirse un teléfono sin que se dispare el PVP. Cuando la DRAM sube y el presupuesto por dispositivo se queda corto, cualquier alternativa que permita descargar parte del coste al usuario –como la expansión por microSD– vuelve a entrar en el menú de opciones.

DRAM en máximos: cada gigabyte pesa en la hoja de Excel

El problema de fondo es el mismo en PCs, portátiles y móviles: hay escasez de memoria y la demanda sigue creciendo. Los analistas no descartan que la situación se alargue, como mínimo, hasta el cuarto trimestre de 2027. En ese tiempo, los precios de módulos de RAM para sobremesa y portátiles ya han subido claramente, y el efecto se traslada también a los chips LPDDR que montan los smartphones.

En este contexto, los fabricantes de memoria priorizan los contratos más rentables. Algunas compañías han reducido su presencia en el negocio de consumo y se centran en servidores, inteligencia artificial y otros segmentos donde se paga mejor. Incluso dentro de un mismo grupo empresarial se dan tensiones: la división de memorias de un gigante como Samsung prefiere negociar suministros con su propia división de móviles trimestre a trimestre, en lugar de comprometerse a precios bajos a largo plazo.

Las cifras ilustran el problema. Se estima que un paquete de 12 GB de LPDDR5X, que a principios de año rondaba los 33 dólares, ha escalado hasta unos 70 dólares. Más del doble en muy poco tiempo. Si pensamos que un smartphone moderno combina varios chips de memoria, no cuesta ver por qué las marcas se lo piensan dos veces antes de ofrecer configuraciones muy generosas en la gama media o incluso en ciertos gama alta.

Precios al alza, versiones recortadas y usuarios enfadados

Cuando los componentes suben de precio, las marcas solo tienen tres salidas. O sacrifican margen y ganan menos por teléfono, o suben directamente el precio final, o recortan especificaciones y apuestan por el marketing para hacerlas digeribles. En la práctica, casi siempre hacen un poco de todo: el móvil es algo más caro, el almacenamiento base no mejora tanto como debería y la publicidad insiste en que “128 GB son más que suficientes para tu día a día”.

Mientras tanto, la realidad va por otro lado. Las cámaras generan fotos más pesadas, el vídeo en 4K (y ya asoma el 8K), los juegos ocupan decenas de gigas y las aplicaciones crecen con cada actualización. Sin slot microSD, quien se queda corto de espacio solo tiene dos opciones: borrar contenido sin parar o pagar el salto a la versión de 256 o 512 GB, con sobreprecios que en algunos casos rondan los 150 o 200 dólares por el simple hecho de añadir más memoria soldada.

microSD Express: la vieja idea con tecnología nueva

Durante mucho tiempo, el gran argumento contra las tarjetas microSD fue la velocidad. La memoria interna UFS ofrecía lecturas y escrituras mucho más rápidas, y eso se notaba al abrir juegos, instalar apps o grabar vídeo de alta tasa de bits. Sin embargo, la aparición del estándar microSD Express ha cambiado por completo el terreno de juego. Esta tecnología aprovecha interfaces como PCIe y NVMe para acercar el rendimiento de las tarjetas al de un SSD moderno.

En la práctica, eso significa que un smartphone compatible con microSD Express puede usar tarjetas de alta gama casi como si fueran almacenamiento interno, sin la sensación constante de cuello de botella. Un ejemplo llamativo es la Samsung P9 Express de 512 GB, que promete velocidades de hasta 800 MB/s y se vende en torno a 74,99 dólares. Al compararlo con lo que cobra un fabricante por pasar de 256 a 512 GB de memoria interna en ciertos modelos –cerca de 200 dólares– el desequilibrio salta a la vista.

Además, una tarjeta bien elegida no muere con el móvil. Puedes utilizarla en tu siguiente teléfono, en una cámara o en una consola portátil. La memoria interna, en cambio, se queda atrapada para siempre en el dispositivo y te obliga a volver a pagar cada vez que cambias de modelo.

Por qué los fabricantes podrían reconciliarse con el slot microSD

Recuperar la ranura microSD no va a solucionar la escasez de DRAM, pero sí puede servir como válvula de escape. Una marca puede lanzar un modelo con 128 GB de base, mantener un precio de entrada competitivo y, al mismo tiempo, publicitar la compatibilidad con microSD Express para quienes necesitan mucho más espacio. El usuario que solo hace fotos ocasionales y usa mensajería no tiene por qué pagar por 512 GB que nunca va a llenar. El creador de contenido, el gamer móvil o quien guarda toda su vida en el teléfono puede invertir en una buena tarjeta y listo.

Desde el punto de vista del negocio, el movimiento también tiene lógica. Parte del “upsell” se traslada de las versiones de almacenamiento interno a los accesorios. El margen por dispositivo puede mantenerse sin elevar tanto el precio oficial, y la marca tiene más margen para jugar con promociones, packs o incluso tarjetas de marca propia. Para el usuario, la ventaja es evidente: más control sobre el gasto y sobre la vida útil del teléfono. Si dentro de dos años el espacio vuelve a quedar justo, añades una tarjeta más grande en lugar de comprar un móvil nuevo.

El calendario realista: nada de milagros para mañana

Todo lo anterior suena muy bien sobre el papel, pero hay un detalle importante: los smartphones se diseñan con mucha antelación. El esquema de la placa, la posición de antenas, los sellos de resistencia al agua, la bandeja de SIM… todo eso se decide y se prueba meses, a veces años, antes del lanzamiento. Muchos de los modelos que veremos en los próximos doce meses ya están cerrados a nivel de hardware.

Añadir un slot microSD no es simplemente “hacer un hueco” en el marco. Hace falta espacio físico interno, rediseñar la placa, revisar la integridad estructural del chasis, ajustar la protección frente al polvo y el agua y repetir pruebas de certificación. Por eso, los analistas coinciden en que, si el sector realmente decide apostar de nuevo por la expansión mediante tarjeta, lo veremos primero en dispositivos planificados para la segunda mitad de 2026 y en adelante. Probablemente arrancará con algunas series concretas –gamas medias, modelos enfocados a creadores, versiones “pro” de nicho– antes de extenderse.

¿Todos ganan si vuelve el microSD?

Lo irónico de toda esta historia es que quizá no sean las quejas de los usuarios, sino el precio de la DRAM lo que acabe resucitando el microSD. La misma función que muchos daban por muerta puede convertirse en una herramienta para cuadrar los números sin castigar tanto al comprador. Con tarjetas microSD Express como la Samsung P9 Express de 512 GB, que combinan buena velocidad con un coste razonable, el combo suena cada vez menos a “parche del pasado” y más a solución práctica.

Eso no significa que todos los fabricantes vayan a subirse al carro. Algunos seguirán defendiendo diseños totalmente cerrados y empujando hacia la nube y las suscripciones. Otros podrían usar el slot como elemento diferenciador en mercados sensibles al precio o en gamas donde el almacenamiento es un factor clave en la decisión de compra. Lo que sí ha cambiado es el contexto: ahora la discusión sobre el microSD no solo vive en foros y redes sociales, también aparece en hojas de cálculo, reuniones de producto y previsiones de costes. Y ahí, cuando mandan los números, el pequeño hueco para una tarjeta de memoria vuelve a tener mucho peso.

3 comentarios

Markus January 2, 2026 - 11:20 pm

Seguro que algún fabricante lo vende como super innovación, tipo “hemos reinventado el almacenamiento expandible”

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David January 5, 2026 - 11:50 am

800 MB/s en una tarjetita y mi portátil sigue sufriendo con un HDD de hace diez años, dolor real jaja

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N0madic January 27, 2026 - 2:20 pm

Yo solo quiero dejar de borrar fotos y vídeos de la familia cada mes, con un microSD decente lo tendría solucionado

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