Apple vuelve a ser el tema favorito de los corrillos tecnológicos, pero esta vez no se trata de un nuevo iPhone ni de un Mac más delgado. El ruido viene de arriba, del último piso del Apple Park. 
Entre una oleada de salidas en la cúpula directiva, fichajes agresivos de la competencia y un exejecutivo dispuesto a volver al escenario, la gran pregunta ya no se puede esquivar: ¿cuánto tiempo más seguirá Tim Cook al mando y quién se atreverá a coger el relevo en la empresa más observada de la industria?
Durante más de una década, Cook ha sido el gestor frío y metódico que convirtió a Apple en una máquina de generar caja. Perfeccionó la cadena de suministro hasta niveles casi obsesivos, levantó el negocio de servicios sobre la base instalada del iPhone y convirtió a la compañía en un caso de estudio de márgenes y previsibilidad. En Wall Street lo adoran. Pero entre fans, empleados y observadores críticos crece la sensación de que la era Cook se ha vuelto demasiado gris: productos impecables, sí, pero pocas apuestas que cambien el juego. En plena fiebre por la inteligencia artificial generativa, muchos ven a Apple por detrás de rivales como OpenAI, Google o incluso Microsoft, y proyectos como Vision Pro o el rumoreado iPhone Air todavía no han demostrado ser ese gran salto que marque una nueva etapa.
El consejo ya piensa en el Apple post-Cook
En este contexto, informaciones de Reuters y del Financial Times encendieron todas las alarmas. Según sus fuentes, el consejo de administración de Apple lleva tiempo trabajando en planes de sucesión para la era post-Cook. No se habla de una dimisión de un día para otro, sino de un proceso ordenado, medido al milímetro, como todo lo que hace la compañía. Aun así, el simple hecho de que se filtren posibles calendarios y nombres deja claro que el tema ha pasado de ser un susurro interno a una preocupación real para el mercado.
Los escenarios que se manejan apuntan a una transición cuidadosamente coreografiada: nada de anunciar un reemplazo en mitad de una conferencia con resultados, nada de sorpresas que puedan hundir la cotización en cuestión de horas. La lógica del consejo sería comunicar cualquier relevo solo cuando el nuevo CEO esté elegido, probado y listo para salir en la foto oficial, idealmente antes de la conferencia anual de desarrolladores de junio, donde Apple dibuja su narrativa de futuro. Dentro de ese tablero de nombres, uno destaca por encima del resto: John Ternus, vicepresidente sénior de ingeniería de hardware, visto internamente como la apuesta continuista por excelencia.
Ternus es el prototipo de candidato seguro: lleva años en la casa, conoce al detalle la maquinaria que hay detrás de cada iPhone y cada Mac, no genera titulares escandalosos y tiene fama de hacer que las cosas salgan adelante sin ruido. Un perfil que tranquiliza a inversores, proveedores y socios. Pero justo por eso, entre parte de la base de fans y algunos empleados, despierta una duda incómoda: ¿es este el tipo de líder que puede reinventar Apple en plena revolución de la IA o solo garantizar que el negocio actual siga rodando sin sobresaltos?
Gurman enfría las prisas: Cook podría seguir hasta 2028
Frente a la teoría de una salida inminente, la voz de Mark Gurman, periodista de Bloomberg especializado en Apple, aporta más prudencia. Según sus fuentes, dentro de la compañía se da por hecho que Tim Cook seguirá al frente al menos hasta el final del actual mandato presidencial en Estados Unidos, es decir, aproximadamente hasta 2028. Para entonces, habrá reforzado aún más su posición como el CEO con más años continuados al mando en la historia moderna de la empresa, ya por encima del segundo ciclo de Steve Jobs.
Eso no significa que el debate sucesorio sea teatro. Los grandes consejos se preparan con años de antelación, prueban distintos escenarios y evalúan candidatos internos y externos. Que Apple haga lo mismo es casi obligatorio a estas alturas. Pero la lectura de Gurman es clara: no hay una cuenta atrás pública para Cook, y el margen temporal permite que cualquier transición se haga sin prisa, pero tampoco sin excusas.
Tony Fadell, el regreso del "product guy" incómodo
Mientras analistas y accionistas miran cronogramas, un nombre con peso histórico ha decidido levantar la mano. Tony Fadell, el ingeniero y ejecutivo al que se atribuye un papel clave en el nacimiento del iPod y que después fundó Nest, estaría diciendo a gente de su entorno que estaría dispuesto a volver a Cupertino, siempre y cuando sea para ocupar el asiento de CEO. La información procede de The Information y ha corrido como la pólvora entre quienes añoran la Apple más agresiva y obsesionada con el producto.
La figura de Fadell nunca ha sido sencilla. Hay quien lo describe como brillante, pero también duro, exigente hasta lo insoportable y con un ego difícil de gestionar. Otros recuerdan precisamente que esa mezcla de visión y carácter fue lo que empujó a Apple a lanzar productos que no se parecían a nada en el mercado. Ese contraste explica por qué su nombre genera tanta división: para algunos es justo el tipo de líder que Apple necesita para dejar de vivir de refinamientos; para otros, es una bomba de relojería que podría chocar con la cultura controlada que Cook ha construido.
En la base de usuarios se ve la misma fractura. Hay comentarios que resumen el sentimiento en una frase: Fadell les daba siempre una vibra de "tipo desagradable", pero, viendo la Apple actual, quizá sea exactamente ese espíritu incómodo el que hace falta para volver a tomar decisiones arriesgadas y matar productos mediocres antes de que nazcan.
Promover desde dentro o fichar a un salvaje: el dilema
La discusión alrededor de Fadell revela el verdadero dilema del consejo de Apple: ¿seguir apostando por la tradición de promocionar líderes de la casa o arriesgar con un perfil externo que pueda sacudir la cultura interna? La historia reciente de la compañía está llena de ascensos internos, y ahí entran no solo Ternus, sino también otra figura muy querida por el público: Craig Federighi, jefe de software, probablemente la persona con más carisma escénico en el actual organigrama de Apple.
Para muchos inversores, un CEO interno es la opción preferida. Mantiene la cultura, reduce guerras de poder y evita giros bruscos de timón. Para parte de la comunidad, en cambio, refuerza la imagen de una Apple algo cobarde, demasiado pendiente de no molestar a Wall Street y poco dispuesta a apostar por una visión realmente distinta. Ternus encarna el plan conservador; Fadell, la sacudida. Federighi aparece como una especie de término medio: suficientemente técnico para no perderse en el detalle, pero también con la capacidad de construir una narrativa potente hacia fuera.
Fuga en la cúpula y un imán llamado OpenAI
La discusión sobre el relevo no tendría tanta intensidad si la planta noble de Apple no estuviera tan revuelta. En cuestión de días, se han anunciado varias salidas de peso. John Giannandrea, el hasta ahora responsable máximo de inteligencia artificial, ha sido sustituido por Amar Subramanya, procedente de Microsoft. Alan Dye, histórico jefe de diseño de interfaz, ha sido fichado por Meta, un movimiento simbólico en una empresa que lleva décadas vendiendo diseño como su ADN.
Poco después, Apple confirmó que su consejera general, Kat Adams, y la vicepresidenta de Medio Ambiente, Políticas y Relaciones Sociales, Lisa Jackson, también dejarían la compañía. Todo eso se suma a las salidas anteriores del director de operaciones Jeff Williams y del director financiero Luca Maestri, dos pilares del círculo de confianza de Cook. Y en paralelo, el núcleo del equipo de diseño del iPhone lleva tiempo perdiendo talento hacia el estudio de Jony Ive, que ahora trabaja con OpenAI en un dispositivo de hardware del que muchos hablan como un posible "iPhone killer".
Al mismo tiempo, OpenAI se ha convertido en uno de los destinos favoritos para los ingenieros de Apple que quieren estar en el centro de la revolución de la IA. Bloomberg ha señalado que en cuestión de semanas decenas de perfiles de diseño de hardware y de experiencia de usuario han cambiado Cupertino por la órbita de Sam Altman. Entre los nombres mencionados están expertos como Matt Theobald, especializado en diseño de fabricación, y Cyrus Daniel Irani, figura clave en interfaz humana. También se ha marchado Abidur Chowdhury, un talento emergente asociado al concepto de iPhone Air.
Un análisis del Wall Street Journal a partir de perfiles de LinkedIn refuerza la idea: OpenAI se ha convertido en destino recurrente para ex empleados de Apple. El mensaje subyacente es claro: muchos de los cerebros más valorados perciben que la frontera de la innovación está hoy más cerca de los laboratorios de IA que de los tradicionales equipos de hardware. Para una empresa que siempre se ha definido como el sitio donde se construye el futuro, esa tendencia es un toque de atención serio.
¿Qué tipo de CEO necesita Apple en la década de la IA?
Al final, todo desemboca en una pregunta incómoda: ¿qué perfil necesita Apple para liderar la próxima década? Los críticos de Cook sostienen que sus mejores armas – operaciones, negociación, disciplina financiera – se han transformado en un freno para las apuestas radicales. Apple sigue lanzando productos excelentes, pero cada vez cuesta más recordar el último anuncio que dejó a toda la industria con la boca abierta.
Sus defensores responden con otra lista: fue Cook quien consiguió que Apple saliera reforzada de guerras comerciales, una pandemia mundial, bloqueos en China y crisis de componentes, todo sin perder su posición de lujo en el mercado. Cambiar a ese tipo de gestor solo por introducir algo de adrenalina en la narrativa puede salir muy caro. Pero incluso quienes lo defienden aceptan que la compañía necesita articular una historia de IA y de nuevos productos más clara si no quiere que la conversación, y el talento, sigan girando alrededor de otros.
Sea quien sea la persona que tome el relevo, heredará una agenda densísima. Tendrá que demostrar que Apple puede ser más que una máquina madura de iPhone + servicios, definir una visión creíble de dispositivos empapados de IA, frenar la sangría de ingenieros clave hacia OpenAI y compañía y, al mismo tiempo, mantener ese nivel de pulido que muchos usuarios ya dan por descontado en cualquier producto de la marca. Será un juego de equilibrios delicadísimo: suficiente estabilidad como para no hundir el barco, suficiente valentía como para volver a sorprender.
De puertas para afuera, todo sigue igual: Tim Cook aparece tranquilo, los resultados acompañan y el mensaje oficial es el de siempre, business as usual. Pero por debajo de la superficie ya se mueven las placas tectónicas. La decisión de apostar por un insider prudente como John Ternus, un showman técnico como Craig Federighi o un forastero incómodo como Tony Fadell no solo marcará quién se sienta en el despacho del CEO; definirá si Apple sigue jugando a no perder o se atreve, otra vez, a jugar para ganar a lo grande.
2 comentarios
todo el mundo diciendo que cook falló en IA y con vision pro, pero el tipo sostuvo la empresa en plena pandemia y con la cadena de suministro ardiendo, eso no lo hace cualquiera
la era de cook ya se siente como actualizar iOS cada año: nada roto, pero tampoco esa sensación de sorpresa brutal 😅