Tudor ha vuelto a demostrar que no hace falta esperar a Watches & Wonders para lanzar algo interesante. 
En plena Dubai Watch Week, la marca presentó casi sin hacer ruido un nuevo Ranger de 36 mm con esfera Dune White, una pieza compacta, sencilla y muy utilitaria que se coloca directamente en la conversación de “alternativas reales al Rolex Explorer” para el uso de todos los días.
El apellido Ranger no es un invento reciente. En los años sesenta, los primeros modelos eran relojes de unos 34 mm pensados para la vida real: montaña, campo, expediciones, trabajo duro. Nada de vitrinas ni alfombras rojas. Cuando Tudor recuperó el nombre en 2014 con el Heritage Ranger de 41 mm, el tamaño encajaba perfectamente en una época enamorada de los relojes grandes. Era mucho acero, mucha presencia en la muñeca y un diseño muy honesto de reloj de campo. La pieza se ganó rápidamente una legión de fans; y cuando la sacaron del catálogo, la comunidad empezó a pedir su regreso casi de inmediato.
La respuesta llegó en 2022 con el Tudor Ranger de 39 mm, referencia 79950. A muchos les pareció el equilibrio perfecto: un diámetro más contenido, proporciones más cercanas al espíritu vintage de la marca, opción de brazalete con el cierre T-Fit y un diseño limpio, sin adornos innecesarios
. Durante un tiempo pareció que ese era “el” Ranger definitivo. Pero mientras tanto el gusto general seguía cambiando: menos relojes gigantes, más comodidad, más ganas de llevar algo que no estorbe al escribir en el portátil ni se enganche en la chaqueta.
En ese contexto aparece el nuevo Ranger 36 mm (ref. 79930). Sobre el papel parece un simple ajuste de medidas, pero en la práctica cambia bastante la experiencia. Hablamos de una caja de 36 mm de diámetro, alrededor de 44 mm de largo de asa a asa y unos 11 mm de grosor, con 100 metros de resistencia al agua, corona roscada, fondo ciego y cristal de zafiro abombado. 
Es decir: especificaciones de toolwatch seria, pero en un formato que no abruma la muñeca. A diferencia de otros relojes que se han “encogido” solo en el diámetro, Tudor se ha tomado la molestia de rebajar la altura para que el perfil siga siendo proporcionado y no se convierta en un pequeño ladrillo de acero.
Visualmente, el Ranger 36 mm mantiene la filosofía de siempre: nada de brillos exagerados ni elementos decorativos gratuitos. Es una fieldwatch pura, con esfera mate, grandes números arábigos a las 3, 6, 9 y 12, índices sencillos y un juego de agujas ancho y directo. La lectura de la hora es instantánea
. Tudor propone dos variantes de esfera: la clásica negra con lume color crema, de inspiración claramente retro, y la nueva Dune White, que llega para añadir personalidad sin traicionar el carácter utilitario de la pieza.
La versión negra es, básicamente, un 79950 reducido. Fondo negro mate, numerales y bastones cargados de un lume cálido que imita la pátina antigua, y un aire de reloj “para todo” que se lleva igual de bien con vaqueros y sudadera que con camisa y chinos. Para muchos sigue siendo la cara más coherente del Ranger: discreta, funcional y con el punto justo de nostalgia. Sin embargo, la atención de los aficionados se la está llevando el nuevo tono arena del Dune White, que le da al reloj otro tipo de presencia.
El Dune White no es un blanco brillante de reloj de vestir. En vivo se ve como un beige arenoso, muy cálido, que recuerda a una chaqueta militar gastada o al salpicadero de un 4×4 que ha visto mucha pista de tierra. 
En lugar de numerales llenos de lume, encontramos impresiones negras para la escala horaria y pequeños puntos luminiscentes en el borde. Las agujas, también en negro mate, crean un contraste muy fuerte con el fondo claro, de modo que la legibilidad a plena luz es sobresaliente. La sensación general es de reloj con ADN militar, pero adaptado a la vida civil, sin excesos de estética “táctica”.
¿Brilla más en la oscuridad la versión negra con todos los números luminiscentes? Seguramente sí. Y por eso habrá puristas que nunca miren más allá de esa configuración. Pero el Dune White apunta a otro tipo de usuario: alguien que quiere un reloj herramienta, pero que también agradece un poco de diferenciación y un tono que no sea el “negro de siempre”. Es un reloj que no grita atención, pero que llama la vista cuando te fijas en la muñeca del que lo lleva.
Donde Tudor ha levantado más debate es en la anchura entre asas: 19 mm. Desde el punto de vista del diseño, tiene lógica: con 36 mm de caja, un brazalete de 20 mm podría dominar demasiado la vista
. Con 19 mm todo se ve más equilibrado. El problema es práctico: la mayoría de coleccionistas tiene cajas llenas de correas de 20 mm, y bastante menos de 19 mm. Es decir, si eres de los que cambian de correa cada dos por tres, tocará rebuscar en internet o en el cajón hasta encontrar opciones que encajen bien. Es un detalle pequeño, pero suficiente para generar chistes y quejas en foros y grupos.
De fábrica, el Ranger 36 mm se puede comprar con una correa textil verde con franja o con el brazalete de acero con cierre T-Fit. La textil enfatiza el lado aventurero del reloj, es ligera y cómoda para el verano. El brazalete, en cambio, es el aliado lógico para un uso diario intensivo: es sólido, está bien ajustado a la caja y, sobre todo, el sistema T-Fit permite microajustar la longitud en segundos y sin herramientas. Cuando la muñeca se hincha con el calor o se contrae con el frío, ese par de milímetros extra marcan la diferencia entre “llevo un reloj” y “me está apretando algo todo el día”. Tudor, eso sí, ha dejado fuera por ahora la opción de correa de caucho en catálogo para esta referencia, algo que a más de uno le habría gustado ver de serie.
En el interior del reloj trabaja el calibre de manufactura MT5400. Es prácticamente un gemelo en prestaciones del MT5402 que monta el Ranger de 39 mm, adaptado en tamaño. Ofrece una reserva de marcha de unos 70 horas, late a 4 Hz (28.800 alternancias por hora), incorpora espiral de silicio y un puente de volante robusto pensado para soportar mejor golpes y campos magnéticos. El movimiento está certificado por el COSC como cronómetro, y Tudor además lo ajusta en el reloj terminado para que se mueva aproximadamente entre –2 y +2 segundos al día. No es solo marketing: la experiencia de muchos usuarios con calibres MT es de relojes que puedes ajustar una vez y olvidarte durante semanas.
En cuanto al precio, el Tudor Ranger 36 mm entra en una franja en la que la competencia es seria. En el mercado estadounidense, las cifras oficiales rondan los 3.350 USD con correa textil y los 3.700 USD con brazalete. El Ranger de 39 mm se coloca apenas un poco por encima. En ese terreno juegan también Longines con su familia Spirit y Heritage, Oris con varios modelos de aire aventurero y un puñado de micro marcas muy afinadas. No es raro que en los comentarios aparezcan comparaciones directas con la línea Dune de Christopher Ward: más barata, con acabados llamativos y una relación calidad-precio muy agresiva. Aquí entra en juego cuánto valoras el nombre Tudor, la historia del Ranger y el conjunto de detalles que rodea al reloj.
Y luego está la eterna discusión de 36 mm frente a 39 mm. Quien tenga muñeca grande seguramente seguirá prefiriendo la referencia de 39 mm y sus proporciones 39 x 12. Otros, en cambio, sintieron desde el principio que el 39 “se ve más grande de lo que dice la ficha”, por la cantidad de esfera abierta y el bisel tan estrecho. En 36 mm ese efecto se reduce muchísimo: los elementos llenan mejor el espacio, el reloj parece más compacto y gana un punto de encanto vintage que a los muñecos más pequeños les sienta de maravilla.
Un detalle que juega a favor del Ranger frente a otros relojes de estética Explorer es la disponibilidad real. 
Mientras hay modelos de tres agujas con listas de espera dignas de chiste, el Ranger sigue siendo, en muchas ciudades, un reloj que puedes ver en el escaparate, probar en la muñeca y comprar sin dramas. Para algunos, eso es un gran punto positivo: menos juego de “cliente preferente” y más producto tangible. Otros, más cínicos, bromean con que “si no hay lista de espera de seis meses, no puede ser un reloj serio”. Sea como sea, el hecho de poder comparar en persona el 36 y el 39, con diferentes esferas, es un lujo al que no estamos tan acostumbrados últimamente.
En resumen, el Tudor Ranger 36 mm Dune White no pretende ser el lanzamiento más ruidoso del año, pero sí uno de los más sensatos. No reinventa el concepto, no juega a la pieza de escaparate y no apuesta todo al hype. Toma una fórmula que ya funcionaba en 39 mm y la adapta a un tamaño más actual, con una esfera distinta que aporta carácter sin convertirse en moda pasajera. Si llevas tiempo buscando un reloj con espíritu Explorer, tamaño contenido, movimiento moderno, brazalete ajustable y, sobre todo, que puedas encontrar de verdad en una boutique, este Ranger merece como mínimo una prueba seria en la muñeca.
1 comentario
Sinceramente, en algunas fotos sigue pareciendo un gadget de marketplace, planito y sin efecto wow, así que de momento no me termina de conquistar 🤷♂️