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El presidente de Xiaomi avisa: tu próximo smartphone podría ser bastante más caro

por ytools
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Los precios de los smartphones llevan años subiendo, pero ahora Xiaomi ha puesto la preocupación en blanco y negro. Al presentar los resultados del tercer trimestre, el presidente de la compañía, Lu Weibing, fue muy claro: fabricar móviles se está volviendo bastante más caro por culpa del aumento del precio de la memoria, alimentado por el boom de la inteligencia artificial.
El presidente de Xiaomi avisa: tu próximo smartphone podría ser bastante más caro
Su lectura es directa y poco optimista para el usuario: el año que viene los smartphones volverán a encarecerse, y nadie dentro del sector apuesta de verdad por una bajada milagrosa en 2026.

El origen del problema no está en la tienda del barrio, sino en los centros de datos. La misma memoria DRAM y el mismo almacenamiento flash que se montan en tu teléfono son ahora codiciados por enormes servidores dedicados a entrenar y ejecutar modelos de IA. Para fabricantes como Samsung, el negocio más rentable ya no es el móvil de gama media, sino el rack lleno de GPUs en el data center. Las líneas de producción se reorientan hacia chips para servidores de alto margen y dejan menos capacidad disponible para componentes pensados para smartphones. Menos oferta y una demanda que no afloja: la consecuencia lógica es un salto en los precios de la memoria.

Cuando la memoria se dispara, el impacto en los teléfonos es inmediato. RAM y almacenamiento son dos de las partidas más caras en la lista de materiales y, al mismo tiempo, donde más fácil resulta inflar el margen. Ya se ve en el mercado chino y en otros: un modelo puede cobrar unos 300 RMB extra por pasar de 12 GB + 256 GB a 12 GB + 512 GB, mientras otro pide 600 RMB por el mismo salto. Es decir, el doble de recargo por la misma capacidad adicional. Cuesta creer que todo sea culpa de la fábrica; huele a marcas aprovechando el contexto para exprimir un poco más al comprador.

En ese escenario, los buques insignia quedan en primera línea, incluyendo propuestas como la gama Xiaomi 17 Pro Max. El propio Lu Weibing reconoce que solo subir precios no basta para absorber toda la presión, pero también deja entrever que muchos dispositivos tendrán que llegar a la tienda con etiquetas más elevadas. Para quien ya considera un Android cercano a los 1.000 euros (o dólares) como algo difícil de justificar, la idea de otra ronda de subidas suena directamente a broma pesada, sobre todo en países donde impuestos y tipo de cambio ya disparan el precio final.

La respuesta de los usuarios no se ha hecho esperar. Cada vez más personas aseguran que no volverán a comprar un gama alta si la tendencia continúa, y que preferirán alargar la vida del móvil actual, buscar ofertas agresivas o bajar a una gama media competente. Al mismo tiempo crece la sensación de obsolescencia programada: cuerpos más frágiles, diseños sellados, baterías pegadas que casi no compensa cambiar, recambios caros y servicios técnicos limitados. Si el dispositivo te cuesta más, pero parece menos duradero y más difícil de reparar, la sensación es que estás pagando para cambiarlo antes, no para que te dure más tiempo.

Y la molestia aumenta cuando la subida de precios viene acompañada de pequeños recortes. Muchos consumidores aceptarían un ligero incremento si las especificaciones se mantienen, pero lo que se ve con demasiada frecuencia es lo contrario: cargadores que desaparecen de la caja, memorias base más pequeñas para forzar el salto a versiones superiores, materiales algo más baratos, mientras el marketing repite conceptos como camara con IA o optimización inteligente como si eso compensara el resto.

El propio boom de la IA genera división. Para unos es una revolución comparable a la llegada del smartphone; para otros, recuerda demasiado al auge de las criptomonedas que dejó las tarjetas gráficas a precio de oro y nunca devolvió las cosas a la normalidad. Se repite el patrón: aparece una palabra de moda, la industria se vuelca y el hardware sube de escalón de manera permanente. Incluso si mañana cae la demanda de chips para IA y la memoria baja de precio, nadie garantiza que los móviles vuelvan al nivel anterior.

Además, el contexto económico no ayuda. En muchos países de habla hispana los sueldos no crecen al ritmo de la tecnología, y comprar un móvil de gama alta suele implicar meses de ahorro o un plan de financiación largo. En ese entorno, escuchar que el “próximo” teléfono será todavía más caro suena completamente desconectado de la realidad de la gente. No es extraño que en redes se hagan bromas con que Xiaomi y otras marcas se comportan como una especie de colectivo que quiere asimilar todas las carteras y añadir cada euro de sueldo al beneficio trimestral. Detrás del chiste, el mensaje es serio: si las marcas se pasan de la raya, los usuarios simplemente dejarán de renovar tan rápido.

Las palabras de Lu Weibing funcionan, en el fondo, como un aviso y una prueba para toda la industria. Si los fabricantes utilizan el coste de la memoria como excusa para justificar subidas desproporcionadas, tendrán que convivir con ciclos de renovación más largos, caída en las ventas de gama alta y un mercado cada vez más sensible al precio. Si, por el contrario, consiguen equilibrar esos costes con mejoras reales en batería, soporte de actualizaciones, calidad de construcción y transparencia en los escalones de memoria, todavía habrá un público dispuesto a pagar algo más. Lo que parece poco probable es que 2025 o 2026 marquen el regreso de los smartphones realmente baratos; quien espere eso, probablemente se quedará con las ganas.

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